Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Despedida del año en el Nevado del Acay



El día sábado 26 de diciembre, Nati Matas, Silvia Castillo, José Muñoz y quien escribe, partimos a las 9:30 de la mañana rumbo a San Antonio de los Cobres a despedir el año al mejor estilo CAM: con pasas y nueces, agüita caliente y testimonios en alguna alta cumbre siempre pendiente. Esta vez fue la del Nevado del Acay.
Llegamos a nuestro ya familiar pueblito de San Antonio de los Cobres alrededor de las 13:00 y la clásica y cálida acogida de don Marcos en su hostalcito "del Cielo" lo hizo merecedor de un pequeño presente navideño: una riquísima caja de bombones made in San Antonio. Ya establecidos y acomodados, el equipo se reúne para marchar -entre encuentro y abrazos con el guía Kevo- a su próximo destino: el comedor de don Pepe. Con las panzas llenas y los corazones contentos, y a modo de terapia digestiva, fuimos a pasear por el pueblo y sus alrededores para lograr la siempre ansiada aclimatación, aunque algunos prefirieron aclimatar al mejor modo de SAC... con una siestita de altura.
El paseo, previamente acordado para el cerro Pompeya, se vio obligado a cambiar a un plan "B", luego de ver que el cielo pasaba de un azul intenso a un negro cargado por nubes que parecían traer una tormenta eléctrica que amenazaba con quitarnos la expedición del día siguiente. Después de un rato de caminata por el llano y de fotos con poses de todo tipo, el cielo empezó a mostrarse nuevamente y las nubes comenzaron a desplazarse hacia nuestro lugar más temido, tapando a la vista al nevado, ahora realmente nevado.
Volvimos al plan “A”, sólo que ahora iríamos al cerro Terciopelo por una cuestión de tiempo. En el camino, uno de nuestros integrantes, el más antoniano de todos, decidió cambiar la cumbre del cerro Terciopelo por la cumbre del cerro “cucheta”, ubicada exactamente a 1,20 mts. del suelo en el hostal “del Cielo”… toda una travesía. Desde el Terciopelo, Nati, Sil y yo mirábamos recelosas al Acay totalmente tapado por las nubes y escuchábamos cómo nuestro querido guía Kevo nos pronosticaba una muy segura lluvia de granizo sobre el suelo de nuestro objetivo, lo que reflejaba en nuestras caras un panorama no muy alentador que digamos.
En el camino de vuelta a nuestro hostal, y ya hechas las compras del viaje, nos detuvimos -invitados por el gran espectáculo- en la casa de la Catequesis a participar con el público de las celebraciones de la navidad. En los festejos participaban alumnos de las escuelas del pueblo, donde cada grupo se explayaba con diversos tipos de baile, por supuesto carnavalitos referentes a la navidad,  y terminaban  su número bailando alrededor de un mástil en el cual iban formando varias figuras a partir de las sogas de colores que en él se ataban (antes de cualquier posible metida de pata, pido disculpas a cualquier allegado de la tradición por mi ignorancia en el tema). El contraste de aquellos festejos, con el clima y el lugar nos recordaban porqué siempre volvemos cuando en un cerrito pensamos “quién me manda… nunca más!..”, y eso es por la magia que se vive sólo en lugares como estos, lugares que pueden brindar, por ejemplo, momentos como éste.
Presos del hambre y del frío, volvimos al hostal a tomar el té y dejar todo listo para el día siguiente. Para nuestra sorpresa, nos dimos con que José no se sentía bien y por eso fue llevado por las “mayores” al hospital a que le dieran un poco de oxígeno. De vuelta ya mostraba más color en su cara y eso le permitió tomar revancha en el truco. A la noche, y cerca de nuestra sopita-cena, recibimos un llamado de nuestro amigo Dardo de que nos tenía una sorpresita en el pueblo. Al rato cayó el más conocido por el club como “Alpaca mechuda en vías de extinción” -alias Seba del Val- a traernos sus frescas y graciosas anécdotas de las fiestas celebradas en su viaje como guía. Entre sándwiches, sopas y risas, nos despedimos de nuestro compañero que al día siguiente seguía viaje y nos dispusimos ir a dormir alrededor de las 23:00 para despertarnos al día siguiente a las 4:00.
El domingo, ya madrugados y desayunados, nos despidió don Marcos con su tradicional abrazo de aliento, y salimos a eso de las 5:00 al encuentro del chofer que nos llevaría hasta la mina del Acay. Lamentamos muchísimo que nuestro gran compañero José (Jota para muchos), castigado por la puna, se viera obligado a abandonar la excursión, sin dejar de admitir que fue la más prudente de las decisiones. Eso no le impidió acompañarnos hasta la camioneta para alentar, al igual que don Marcos, a las tres mujeres que habían decidido atacar esa montaña en algún momento abandonada.
Partimos con destino a la mina ubicada aproximadamente a los 4.900 m.s.n.m. . En el camino los relámpagos no se hacían esperar, y para suerte de esta gran desorientada montañista (por no decir la más desorientada), los relámpagos brillaban del lado opuesto al Acay, por lo que al acercarnos, el cielo todavía mostraba una cuantas estrellas, y nuestras caras, unos cuantos dientes sonrientes.
Llegados a buen puerto (exactamente en la mina) a eso de las 6:45, nos despedimos del maestro (el chofer) y comenzamos el gran ascenso. El frío matinal golpeaba cualquier espacio de piel descubierta y nuestro guía a la cabeza se dirigía hacia la Quebrada de la Pupusa. Todo el trecho estaba acompañado por un pequeño arroyito que bajaba desde atrás de la Montura, producto del descongelamiento de la nieve caída metros más arriba. El ritmo de la subida era más lento de lo habitual (a cinco pasos le correspondían unos minutos de descanso), lo que garantizaba, quizás no la cumbre, pero sí el escape seguro a la tan temida apunada. Justo llegando a la Montura, los rayos del sol decidieron acompañar el trecho más pesado de la montaña, haciendo que ahora cada 3 pasos correspondan más minutos de descanso. El granizo del día anterior se había depositado en varios huecos a lo largo del camino, y la gran mayoría de las piedras sueltas tenían una fina capa de hielo en la superficie…  pasaje directo al suelo de un porrazo.
Después de una trepada que parecía no acabarse, el guía les regala un poco de música a nuestros oídos… “allá está la cumbre”. Salimos de la montura y comenzamos a ladear por un pequeño vallecito cubierto de nieve, un verdadero regalo para quienes venían luchando contra las interminables piedras sueltas. Con un “en media hora llegamos”, el guía Kevo se hacía querer cada vez más por sus mujeres y para sorpresa nuestra, su cálculo fue más preciso de lo que pensábamos.
 12:25 : CUMBRE!. Entre abrazos, náuseas y fotos, Nati deja testimonio y las demás le seguimos con nuestras firmas; Kevo con un par de dedicatorias un poco comprometedoras y la foto final: el guía bendito entre las mujeres alrededor de la cruz con nuestra bandera y la camiseta de Juventud regalada por José, ya un clásico de cada cumbre.
Pegamos la vuelta rodeando la nieve para bajar directamente por la Montura, y esta vez las piedras fueron mejor recibidas que a la subida. Para nuestra no tan grata sorpresa, el cielo negro nos empezó a apurar el descenso hasta que ya no pudo aguantar más. Comenzaron a caer pedacitos de hielo y la lluvia de granizo hizo que del susto compitiéramos contra Kevo para ver quién corría más rápido. Por suerte la lluvia sólo traía piedritas que ni siquiera mojaban y al ver que ni los rayos ni la tormenta eléctrica iban a aparecer, seguimos a paso lento disfrutando de nuestro nuevo compañero, el granizo.
Llegamos a la mina a las 15:00 y como para no romper con nuestra cadena de buena racha, el maestro nos estaba esperando con la camioneta lista para partir. Llegamos al hostal y nuestros amigos, Marcos y José, salieron a nuestro encuentro para devolvernos los abrazos que nos habían dejado a la mañana. Con los ánimos cargados de emoción, todavía quedaban un par de gustitos más: el baño caliente, la siestita de recarga y las riquísimas empanadas descubiertas en el nuevo bolichón “el Puneño” (por supuesto sin ofender a don Pepe).
Fue sinceramente una despedida de año, en mi caso, fuera de lo común y una de las más hermosas experiencias junto a personas realmente increíbles. Como diría una cita: “..regresar vivos, regresar como amigos, llegar a la cumbre. En ese orden..” .
 Sin más palabras de las que puedan imaginarse, agradezco a todos lo que formaron parte y a los que estuvieron en todo momento. FELIZ AÑO NUEVO A TODO EL CAM QUERIDO!, brindando por muchas cumbres para el 2010, les dejo un gran gran abrazo montañés!
Candelaria Díaz Márquez

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3 comentarios :

Anónimo dijo...

QUE ESPECTACULAR LA FOTO DE LA PORTADA Y EL RESTO TAMBIEN FELICITACIONES GRUPETE IDOLAS¡¡¡¡¡ TERMINA EL CAM SU AÑO CON EL ACAY QUE TAL PASCUAL¡¡¡¡¡¡¡¡ BESOSSSSS Colo ah y felicitaciones al Jota que estuvo cerca cuidandolas juaaaa o ustedes a él

Anónimo dijo...

FELICIDADES MUJERES!!!

Q TENGAN UN HERMOSO AÑO!!!

Y Q SE REPITAN MAS VIAJES COMO ESTE...AUNQ...MMM...VA A ESTAR DIFICIL DE SUPERAR NO?JAJA

Saludos a Todo el CAM

JOTA.-

Anónimo dijo...

Muy bueno el relato Cande y seguro q mejor aún la salida. Los felicito por organizarse y armar sus expediciones; no olviden nunca todo lo aprendido en el Club (se puede ir y volver "todos juntos" y así lograr la cumbre). Agradecimiento al Kevo y demás gente de S.Antonio q tanto los ayudan siempre. Espero q el 2010 los siga encontrando en muchos cerros y disfrutando junto a sus compañeros. Saludos pa todos. Carlo