Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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miércoles, 9 de marzo de 2011

Licancabur - Marzo/2011

Volcán Licancabur – Bolivia (5960 msnm)

El día viernes 4 de Marzo, Dardo Rocha, Jorge López, Pufi Díaz Patrón, Sonia Ferreira y quien escribe partimos a las 17:00 hrs. rumbo a la localidad de Susques (3.600 msnm), pueblo pequeño de la provincia de Jujuy, ubicado poco más allá de las salinas grandes, cercano al límite con Chile. Llegamos a las 21:30 y sin mucha dificultad elegimos de forma unánime el que sería nuestro paradero de noche, el hostal “La Vicuñita”. A comer, dormir y seguir.
Al día siguiente arrancamos a las 10:00 y alrededor de las 12:45 llegamos a Jama, donde demoramos casi 2 horas en la aduana para conseguir los permisos de paso. Como nuestro objetivo se encontraba en Bolivia, pero antes pasábamos sí o sí por Chile, cruzamos los dedos para que no nos hicieran ir hasta San Pedro de Atacama a hacer el ingreso al país costero. Después de un largo tiempo de espera (y mientras a mí me daban oxígeno en la enfermería) escucho que el encargado de migraciones les dice a mis compañeros detrás de la ventanilla: “ustedes sí que tienen suerte”. Nos permitían pasar por Chile y desviarnos sin tener que ir hasta Atacama, con la condición de regresar en el tiempo que habíamos prometido (en 4 días) a entregar el papelerío correspondiente. Mientras tanto, afuera el clima no mostraba su mejor cara; nos había llovido casi desde que salimos de Susques, en partes no se veía ni hasta 5 metros a la redonda por la niebla, había estado lloviendo de esa forma desde hacía casi un mes y la incertidumbre del buen tiempo nos hacía esperar más.
Salimos a las 13:30 de la aduana y demorando casi 1:20’ hrs. y acompañados por una especie de agua nieve – nieve, encontramos nuestro desvío hacia la Reserva Natural Eduardo Avaroa (Laguna Verde). Al cabo de unos minutos, y de haber cruzado definitivamente a suelo boliviano, nos tocaba otro registro más, el de Migraciones Bolivia, en donde pagamos 15 bolivianos cada uno y cambiamos un poco de dólares por pesos bolivianos. A partir de aquí todo se cobra o en dólares o en bolivianos o hasta en chilenos, pero nada en pesos argentinos, y según los cotizadores de la zona, el dólar corría por 5 bolivianos. La entrada al Parque nos costaba un tanto de 150 bolivianos cada uno y debíamos reservarnos más para el refugio de Hito Cajón, en donde dormiríamos de ahora en más.
Hito Cajón (o Portezuelo del Cajón) es un lugar que sirve de refugio y albergue, siendo el punto más próximo hacia la base del volcán Licancabur. Tan sólo a 8 kms. de Migraciones Bolivia, el refugio (junto al ingreso al Parque) se encuentra en la falda del volcán Juripes de 5.704 msnm, vecino de nuestro objetivo y junto a la Laguna Blanca a 4.350 msnm.
Registro correspondiente en el ingreso a la “Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa” y nos dispusimos a conocer el que sería nuestro hogar en los próximos 3 días. A modo de cabaña de altura, el refugio contaba con varios cuartos y camas de plaza y media, abrigadas y numerosas (con finísimas almohadas para quienes no duermen sin ellas). El nuestro daba a un comedor extenso con dos tablones paralelos multifunciones; desde mesas para comer, hasta despensa de alimentos, ropa y cualquier cosa que no quiera ser guardada en las mochilas. Tiene dos baños con dos inodoros cada uno, en algunos momentos del día alcanzaban su pico de saturación y nos hacían aguantar cualquier cosa con tal de no entrar en ellos. El lugar no cuenta con agua corriente ni mucho menos con agua caliente, teníamos a disposición grandes baldes de agua helada para cualquier uso, y siempre lo más recomendable a la hora de cocinar era hacerlo con el agua potable que habíamos llevado desde Salta, aún hirviéndola para el mate. Prohibido tomar agua del balde! De 19:00 a 21:00 hrs (hora boliviana, en Bolivia es una hora menos) el grupo electrógeno nos ponía a disposición luz eléctrica en el comedor, en la cocina y en los cuartos (aunque por un momento todos tenían luz menos el nuestro) y Nancy, la joven encargada del refugio y gran amiga y compinche de Dardo, con apenas 22 años e hija del guía de montaña, nos permitía cocinar lo que quisiéramos en su cocina, usar su vajilla, su cocina a gas en garrafas, el detergente y el baldazo de agua fría para enjuagar. Claro que todo siempre recompensado con una porción de nuestros platos de altura a la carta. Dadas las circunstancias, un verdadero lujo.
En Hito Cajón, además de sus cuantas construcciones contadas con los dedos de las manos, se encuentran dos increíbles lagunas naturales, la Laguna Blanca y la Laguna Verde. Ésta última, alrededor de las 12:00 alcanza un color verde esmeralda puro y fuerte, debido al alto contenido de magnesio. Ambas lagunas de agua salada concentran una colonia de flamencos y aves andinas, agrupándose en montones en ciertas horas del día.
Antes de apresurarnos a comer y dormir, nos dispusimos a buscar a don Macario, guía experto y experimentado de la zona (65 bien llevados añitos), todo un “letrado” del Licáncabur (postulado por el grupo y en breve aspirante a los Récord Guiness por número de ascensiones al volcán). Nos cobraría u$s 120 a todo el grupo por guiarnos y llevarnos en su vehículo hasta la base. Al principio un poco desconfiados con el precio. Después, habiendo conocido su servicio y siendo que éramos 5 personas, supimos que los había valido hasta el último centavo. En Bolivia es casi obligatorio ascender a cualquier montaña con un guía experimentado. Como la mayoría se encuentran en las Reservas Nacionales, en todos los ingresos debe quedar registrado quiénes entran y a qué guía se contrató para el ascenso. El nuestro fue Macario, por lejos recomendado y aconsejado, y no pretendan darle vuelta una opinión o una cifra; el guía de la NASA no acepta contradicciones.
A modo de relato personal, todo este día casi se me pasaron por alto todo tipo de detalles, la puna me había encontrado más rápido de lo que podía imaginar; vómitos casi todo el día y una debilidad que no me dejaba ni mover las piernas.
El domingo, después de una dura noche entre retretes y reliveranes, me desperté mejor y aunque seguía con náuseas, mi estómago ya se manifestaba con hambre. Desayunamos y nos fuimos a pasear, como quién aclimata por los alrededores, en varias ocasiones peleándonos por las huellas del camino con otras camionetas turistas. Desde que llegamos hasta que nos fuimos no dejamos de ver camionetas bolivianas repletas de turistas europeos que recorrían la zona de pies a cabeza. El chofer del grupo (Pufi) nos invitó al paseo empezando nada menos que con un acercamiento a la base del volcán. Desde el refugio y siguiendo la huella sólo para 4x4 avanzamos hacia el oeste por la orilla sur de las lagunas Blanca y Verde, separadas únicamente por un pequeño estrecho. El camino luego comienza a torcerse hacia el sur ascendiendo por una quebrada arenosa hasta que en 20’ llegamos a las ruinas incaicas conocidas como “el Pueblo o Ciudad de Licáncabur” a 4.600 msnm.
“El volcán posee uno de los complejos de ruinas más abundantes de todos los santuarios de altura incaicos, aunque probablemente ya antes había adquirido importancia este lugar, fueron los Incas quienes erigieron los diferentes grupos habitacionales o tambos que se encontraban tanto en la base como en su falda, las plataformas y altares de su cima y trazaron una huella hasta ella. El pueblo de Licáncabur era un lugar sagrado que no se utilizaba para una permanencia estable, sino para acoger a los peregrinos que venían aquí a efectuar sus ceremonias y rituales religiosos” (relatos). El lugar habla por sí solo.
Pegamos la vuelta y cruzamos el río que separa a ambas lagunas, dispuestos a conocer las famosas aguas termales y las fumarolas de las que tanto nos habían hablado. En una misma falda de cerro son tantas las huellas de vehículos que aparecen que es difícil decidir a cuál seguir. Encontramos la que mejor parecía y dimos una vuelta increíble mostrándose en el camino construcciones semi destruidas, piedras de lo más peculiares, llanuras extensas con grandes piedrones “regadas” en todas sus extensiones (probable lluvia de piedras de las erupciones de los tantos volcanes de la zona), volcanes solitarios y por fin allá, una gran laguna al fondo metida entre una cadena de montañas nevadas y un piletón de piedra y cemento que muestra un débil vapor en su superficie. En 50’, llegamos a las termas de Polques. El paraíso.
El primer (y único) valiente en mostrar sus grandes cualidades físicas y deleitarnos con su cuerpito esculpido fue el señor Rocha, quien a pesar de que no habían toallas y de que afuera el frío era interesante, se metió igual al agua de 38 Cº para hacernos desear a los que desde afuera sólo nos mojábamos las manos o los pies. Paisaje sin igual, hay una casillita con mesas, sillas y ventanales para quien quiera comer allí y de paso reírse un poco por los carteles alusivos con los que cuentan sus paredes. Quien alguna vez los vea sabrá de lo que estoy hablando. Media hora en el lugar y otra media de viaje ahora hacia las fumarolas, cuyo camino no muestra ni un sólo cartel de referencia, por lo que al tiempo estimado comenzamos a hacer contacto visual con lo que parecía allá a lo lejos una nubecita de humo. Bajamos a la izquierda por una huella previamente inventada hasta que llegamos a ellas. Enormes cortinas de humo salen despedidas de la tierra, no sólo echando humo y ruido, sino un olor tan insoportable por la concentración de azufre que junto al frío, nos hacen apresurar en conocerlas. En partes parecía literalmente un hervidero, con pozos de agua y barro en estado de ebullición, con ruidos similares a los de una olla con sopa hirviendo. Se debe caminar con mucha precaución; un paso en falso y seguro aterrizaje en lava ardiendo. Pero una maravilla al fin.
A las 17:00 regresamos al refugio, merienda y visita de nuestra guía, a contarnos un poco de historias y un poco de reglas para el “día de mañana”. Preparamos las mochilas y lo que sería un verdadero menú gourmet de altura. Cerca de las 22:30 todos a la cama y a escuchar el despertador a las 3:45 (hora Argentina) del día siguiente. Increíble cómo el cuerpo cuando quiere, aclimata y se adapta donde lo pongan. El mío solito se había adaptado y me aseguraba un empujón más.
Muy animados, desayunados y listos, partimos con don Macario en su camioneta todo terreno para empezar el ascenso a las 5:30. Cabe aclarar que el día anterior y el que nos esperaba había dado un giro por completo. Ni una sola nube, temperaturas óptimas para la estación y ni un solo vestigio de lluvia. Definitivamente la Pacha quería que la pisemos. Con casi -6º, nada de viento y una noche a pura estrella, seguimos el ritmo lento, pausado pero constante del guía por un zig- zag que por principios es difícil de localizar, pero que luego se acierta por un grupo de apachetitas armadas que se elevan en grandes piedras a modo de señalizadores. Luego la senda se muestra cada vez más marcada, ya que el guía a la cabeza va corriendo las piedras que estorban el camino que él mismo hizo. Cabría aclarar en este capítulo que muchos creen que la senda por la que se accede al ascenso es el antiguo camino Inca, pero en este caso, y considerando que quizás sea el más transitado y marcado, es un camino abierto a pura cepa por Macario. Testigos si los hay.
Casi a 2 hrs. de iniciado el ascenso, a muy buen ritmo llegamos a la Piedra Grande, en donde decidimos hacer un buen descanso, mientras el guía nos aconseja dejar parte de nuestra carga innecesaria allí; de cualquier forma íbamos a pasar por allí en el descenso. Un muy buen consejo, ya que a esa altura hasta un pequeño guante se hacía sentir. La mañana se muestra prometedora, un cielo limpio y llano, las lagunas abajo empiezan a distinguir su colorido y la cumbre nos sigue esperando. Por momentos la senda desaparece y es difícil encarrilarse nuevamente. Sin cambiar el ritmo, aproximadamente a los 5.300 msnm llegamos al campamento intermedio, como un “fuerte” de piedras construido por Macario, cuya utilidad es casi exclusiva para investigadores de la NASA. Macario recibe en lapsos de tiempo a grupos de la NASA para realizar investigaciones de los minerales y bacterias encontradas en la laguna del cráter del volcán. Nos promete que ya han descubierto 7 partículas, de las 9 que esperan encontrar. Las calcomanías que dibujan casi toda su camioneta con nominaciones de la NASA y cohetes espaciales no nos permiten darnos el atrevimiento de dudar. Macario es internacional.
Aproximadamente a la hora, un integrante decide esperarnos allí; a Jorge las piernas ya no lo dejan seguir, o mejor dicho, se reservan para la bajada, no vaya a sofocarlas de entrada. Y a mi criterio, una decisión muy prudente, ya que el camino que nos esperaba se hacía cada vez más pesado. La senda marcada se había quedado abajo para ser reemplazada por grande peñones y ya a los 5.700 m. la nieve llegaba para ser protagonista. En un principio era granizo depositado muy suelto, casi perdido entre las rocas, pero a medida que se iba subiendo empezaba a tomar mayor consistencia y volumen, hasta que podía llamarse verdaderamente nieve. A esta altura mis piernas estaban muy cansadas ya que me había puesto unas botas dobles prestadas para la nieve y me resultaban muy pesadas. Cuando estaba a punto de desistir, Sonia me ofrece sus botas comunes y ella decide seguir con las dobles hacia la cumbre. Quizás mi mente estaba de lleno puesta en esa cumbre, pero sabía que no me iban a quedar piernas para bajar. La solidaridad de Sonia no sólo me permitió seguir subiendo, sino que hasta me reanimó mucho el cuerpo y al no tener peso sentía como si estuviera recién empezando. Una vez más queda demostrado: LO MEJOR PARA EL COMPAÑERO.
El guía nos llevaba y a medida que avanzábamos en la nieve, veíamos pequeños tambos con leña de algarrobo de increíble magnitud y consistencia en esas alturas. Madera traída desde San Pedro de Atacama por los antiguos pobladores. Seguimos a paso cortado y lento por la nieve semi dura, hasta que el jefe nos grita “allá está la cumbre!” ; dos pasitos más y vemos una punta de madera que apenas se asoma por un filo. Sin dudas la cumbre nos hace “correr”; el ritmo ya no importa, esa puntita que aparece se hace cada vez más grande por una ladera absolutamente blanca y prolija. La cumbre es algo indescriptible, cubierta de nieve (según Macario, hacía 4 años que no tenía nieve), se ven todos las montañas de los alrededores cubiertas también. Por empezar, el cráter del volcán vecino y próximo, el Juriques, blanco en toda su extensión y la laguna del Licancabur congelada y cubierta también por nieve. La vista panorámica nos muestra el Cerro Amarillo, El Sairecabur, las Tres Cumbres y cientos de picos nevados; los que en su mayoría parecen ser volcanes por su forma cónica casi perfecta.
Abrazo y foto grupal con todo tipo de banderas, del club, personales, y por supuesto las de Argentina y Bolivia unidas a la par con sus integrantes en el medio. Primera cumbre de alta montaña después de casi dos años abrazada a mi papá. Sonia coronaba su sueño de subir al Licancabur desde hacía mucho tiempo y en condiciones inesperadas; papá podía dedicarle por primera vez una cumbre a su bandera; Dardo, tesonero y paciente, había dejado el alma en cada paso y Macario coronaba su cumbre número quinientos cincuenta y cinco (sí 555) del Licáncabur. Abajo, Jorge había alcanzado la más alta de sus cumbres y el grupo, feliz, agotado y con frío tiene que comenzar el descenso o el fuerte viento haría estragos en nosotros.
El motivo por el que teníamos que empezar el ascenso lo más temprano posible se debe a que alrededor de las 12:00 comienza a correr un leve viento cerca de la cumbre, hasta que por fin, entre los dedos agarrotados por la nieve y el viento cada vez más intenso, se hace casi insoportable permanecer arriba.
Bajamos los peñones nevados y en medio de un breve descanso para retomar energías y cambiar nuevamente mis botas con Sonia, empezamos el descenso a toda máquina. Macario cerrando el grupo nos indica siempre seguir la huella de la derecha, la que lleva al acarreo más suelto. Al más rápido. Al más golpeador. Un solo paso clavado en las piedras sueltas bastaba para bajar casi cinco metros, la velocidad que se toma es casi inmanejable, resulta difícil dominar las piernas a esa velocidad y el freno más seguro termina siendo el porrazo previsible y esperado. Cuando llega la caída se descansa y respira para nuevamente emprender la carrera. En un par de moretones y minutos nos encontramos ya en la Piedra Grande a recuperar nuevamente nuestra parte del equipo abandonado, no sin antes pasar por el abrazo de Jorge que nos estaba esperando allí, tranquilo y con la cara cubierta de protector solar. Descansamos un rato, mientras esperamos a los que vienen cayéndose atrás (Macario incluido) y el sol que empezaba a perderse nos obliga a dejar el descanso para después y retomar la vieja senda de la ida, marcada y ondulante. Desde la Piedra Grande hasta la camioneta la huella ya no se pierde, pero parece ser más larga que a la ida. Ahora con la luz de la tarde las ruinas de la base se muestran en toda su magnitud y nos deslumbra ver la extensión de pircas y piedras amuralladas que forman parte del lugar. Llegamos a la camioneta alrededor de las 18:00 y reagrupados los integrantes, nos disponemos a apelmazarnos para conseguir un poco de calor en el vehículo y emprender el viaje de vuelta. El atardecer magnífico se muestra ya débil a los casi 20’ de camino; llegamos al refugio y Nancy y su hermanito Roly nos esperan en la ventana. Llegamos agotados pero renovados; Macario se despide de nosotros y Jorge le regala su mate, bombilla y yerba que habíamos traído en el viaje; para Macario, ésa era su mejor propina.
El refugio nos recibe con luz para preparar las cosas, en especial la cena, y algunos más cansados que otros se van directamente a la cama. Le seguimos los demás a buscar el descanso bien merecido. Al día siguiente preparamos todo, desayunamos, poner en marcha el motor de la camioneta, despedida con foto de Nancy; abrazo con Vladimir el guardaparques y a las 10:05 a emprender la marcha. Nueva parada en migraciones Bolivia y en quince minutos de nuevo a la ruta. Giramos a la izquierda y ya en el pavimento ninguno le quita los ojos al cráter nevado que se asoma detrás del Juriques. Nuestra cumbre. Por ser bajada, estamos en casi una hora de nuevo en la aduana de Jama y nuestra puerta ahora es la de la derecha. Registro correspondiente, nos reciben y revisan los que nos habían despedido cuatro días atrás y a seguir casi cuatro horas hasta nuestro esperado tercer tiempo en Purmamarca.
Buscamos el primer bolichón que muestre la carta. Comida en “Entre amigos”, restó para nada recomendable, atención floja y bastante caro ($40 aprox) para la mediocridad de la comida. Breve digestión contemplando los festejos del carnaval en la plaza (y siendo víctimas del mismo); heladito de postre y a seguir la vuelta a casa.
Llegamos a Salta a las 18:00 y cada integrante sano y salvo en su casa.
Una salida de lo más recomendable e imperdible, adjunto datos relevantes en caso de interesados:
Recomendaciones
• Bajas temperaturas y fuertes vientos.
• Llevar Documento de Identidad o Pasaporte.
• Llevar desde Argentina dólares y/o pesos bolivianos (apróx. U$s 80 por persona). El cambio de dólares directo en Bolivia a veces se torna confuso y se presta a la desconfianza. (Valores de Marzo 2011)
• Llevar agua potable.
• Hay una YPF para recargar combustible en Jama, en donde el valor del litro de nafta se mantiene igual al de la ciudad. Un poco antes, pasando Susques, hay una estación con dos dispensadores en donde el litro de gasoil sale $10,90. Allí no hacer ni el intento de parar.
• Se puede comunicar con la Reserva Eduardo Avaroa, con su guarda parque, Vladimir Berna, en la frecuencia 7.300 (Estación Laguna Verde) de 9:00 a 10:00 am y de 17:00 a 18:00 pm. teniendo en cuenta que en Bolivia es una hora menos.
• En invierno (Junio – Agosto) es la temporada alta, por lo que a veces resulta difícil conseguir camas disponibles en el refugio y guías.
• Se recomienda contratar al guía Macario, cobrando aprox. u$s 20 por persona. El guía hace también el traslado en su 4x4 hacia la base del volcán (se paga aparte).
• Llevar malla y toalla para las aguas termales, (después vienen los arrepentimientos!)
• En gastos generales, se calcula por persona aprox. $450 el total de la expedición completa, con combustible, agua, comida, alojamiento y guía.
Alojamientos y Restoranes
• Susques: Hostal “La Vicuñita”, en calle San Martín (boulevard principal) al frente de la Iglesia. $60 por persona, habitaciones triples con baño privado. No incluye ninguna comida.
• Susques: Restaurant “La 26”, por la entrada Sur al pueblo. Comida rápida y accesible.
• Hito Cajón: Refugio con cuartos divididos, hasta 6 camas algunos. 40 bolivianos por persona por día (u$s 8).

Itinerarios
Itinerario realizado Itinerario alternativo
1. Salta – Susques 1. Salta - Susques
2. Susques – Hito Cajón (Refugio Laguna Verde) 2. Susques – Hito Cajón
3. Hito Cajón (día de aclimatación y paseo) 3. Hito Cajón – Pueblo de Licancabur (campamento base)
4. Hito Cajón – Cumbre – Hito Cajón 4. Pueblo de Licanc. – Cumbre – Hito Cajón
5. Hito Cajón – Salta (aprox. 7 /8 hrs de viaje) 5. Hito Cajón - Salta

Candelaria Díaz Márquez






1 comentario :

Anónimo dijo...

Hola gente, pase por susques y el litro de gasoil es de $4.80...será que les vieron cara de salteño millonario, abrazo y felicitaciones por la cumbre.