Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
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viernes, 14 de octubre de 2011

Travesía Laguna Brava-Cerro Torreón

Este marzo fuimos a la cumbrecita y caminando por las altas cumbres cordobesas surgió la idea de ir al norte Argentino.
Tres meses después, estábamos arribando a Salta Capital: Lala, Laura, Laila, Julián y yo. Allí nos esperaba Armando, quien nos dio una mano enorme, con el transporte hacia Escoipe. Agradezco a él y a Graciela del club amigos de montaña por su información.
Nuestra intención fue hacer Laguna Brava- Cerro Torreón en tres días, y así fue, como nos encontramos con un lugar totalmente distinto a los paisajes de Buenos Aires y a los antes recorridos en el sur.
Día 1: Iniciamos nuestro trekking desde la iglesia de Escoipe siguiendo una trakc bajado de wikiloc que nos marcaba unos 8km hasta la Laguna Brava, para ello debíamos ascender de 2.200 msm a unos 3.000 msm. debido a una demora técnica en el transporte y a un desvió en el sendero donde nos metimos entre espinillos, matorrales, ramas cecas, etc no nos dio el tiempo para terminar el ascenso al destino propuesto, entre la hora, la altura y el agua que escaseaba nos vimos seducidos por una hermosa pampita (casa abandonada) donde decidimos acampar, la verdad, que fue una excelente decisión ya que luego de armar todo me propuse subir hasta donde podía sin equipo y sinceramente me costó muchísimo subir 400msm. La cena fue muy rápida, un café y la fría noche nos mando a la carpa, la amplitud térmica era aplastante, te tenias que meter en la bolsa porque te congelabas, lo peor es que nos acostamos muy temprano, casi las nueve de la noche y para los que acostumbran a dormir poco despertarte despertarse era terrible hacia un frio mortal.
Día 2: El segundo día entre que nos acostamos temprano, el frio, el efecto de la primera noche en carpa, el suelo, no poder dormir demasiado y a pesar de toda la hostilidad de la montana la mayoría se despertó bastante energizado, pero de todas formas había que esperar al señor sol para que la temperatura mejorara. Así y todo nos levantamos temprano, el frio era penetrante, no había viento pero se sentía muy duro desarmar el campamento en esas condiciones pero había que hacerlo. Luego del desayuno en el hermoso vallecito iniciamos el día más largo de la travesía. Este día teníamos que decidir por el camino corto o por el camino largo, el primero nos llevaría a cruzar tres pequeños filos que cortaban nuestra ruta directa hacia el Cerro Torreón, no había forma de perdernos ya que la ruta se había diseñado desde una vista bastante clara. Así fue como encaramos al primer cordón y tras un leve esfuerzo logramos subirlo, el tema estaba del otro lado donde no se veía forma de bajar sin patinar en el intento, había que bajar unos cien metros hasta el lecho de un arroyo, pero resultaba muy difícil de decidir por donde, desde ese lugar podíamos apreciar el segundo cordón que tenia doscientos metros por arriba del lecho del rio, el cual se observaba todavía más empinado que el primero y aunque lo subiéramos no sabíamos como estaría del otro lado. Ananás deshidratadas, unos duraznos y barritas mediante, decidimos hacer el camino largo, el que en todo su recorrido nos ofrecía agua y seguridad. Bajamos nuevamente al sendero que nos conduce a la iglesia de Escoipe, pasamos por ella y luego de un rato estábamos a orillas de un arroyo repleto de piedras sueltas, desde allí iniciamos el trekking por el lecho del rio Escoipe rumbo sur hacia la posada El Maray. Habíamos arrancado a las nueve de la mañana para llegar a la posada alrededor de las dos de la tarde, fueron unos diez a once kilómetros hasta la casa de Sebastiana, quien nos daría permiso para acceder hacia el Torreón, ya que para llegar a esta zona había que pasar por un campo privado, ojo que el pase no fue gratis. Luego de disfrutar de una gaseosa fría arrancamos hacia la base del Torreón, subimos por el Maray un camino de tractor bastante accesible por donde se serpenteaba hasta cruzar un alambrado y desde ahí, seguir el mismo hasta alcanzar el filo, ese sería el camino corto, pero como la huella seguía bastante intensa, en vez de subir seguimos el sendero, grosero error porque para retomar el filo tuvimos que atravesar una subida de pastizales bastante dura. En este camino perdimos el chaleco de Laurita con su celular y aunque lo buscamos dos veces con muchísimo cuidado no hubo forma de encontrarlo, dos pobladores que cruce en el camino dijeron que se los llevo un zorro y por lo visto así fue. Ese día sumamos unos 17km hasta llegar justo debajo de la gran pared vertical del cerro Torreón, acampamos en un lugar donde no había agua y apenas teníamos dos pequeñas botellas y cinco valiosísimas latas de cerveza Salta que los chicos acertadamente compraron en el Maray, cenamos algo calentito y fuimos a dormir sin lavarnos los dientes para no gastar agua. La noche fue bastante ventosa hasta el punto que se nos voló el cubretecho en medio de la madrugada, salimos muy rápido a ordenarla y la verdad que valió la pena tal accidente ya que pudimos ver la increíble noche que teníamos sobre nosotros, increíble!!.
 
Día 3: Al otro día nos levantamos bien tempranito y con medio café cada uno nos hidratamos un poco, salimos con medio litro de agua y a los treinta minutos moríamos de sed, pero había que aguantar y tomar de a pequeños sorbos ya que no estábamos seguros si encontraríamos o no el preciado liquido. Desde el inicio de la subida ya alucinábamos con agua, así que Lala y Julián se ofrecieron a bajar por la este del filo hasta una manguera que quizás tuviese agua y definitivamente, tenía! Tanto bajaron los chicos que subir les costó una de las dos botellas que bajaron a buscar, era tan empinada la subida que se tomaron una botella por el esfuerzo. Así fuimos subiendo por un sendero muy bien marcado para pasar por un estrecho sendero entre piedras, como un portal que nos conducía hacia arriba del Torreón, lo bueno de esto que desde allí iniciaba una quebrada con un arroyo que alimentaba varios espejos de agua muy refrescante, donde nos hidratamos al máximo posible, cargamos agua tras dar unos pasos apareció un baqueano que con mucha amabilidad nos pidió que nos volviéramos por dónde veníamos, ya que donde estábamos era un campo privado y no había forma de seguir sin un permiso anticipado. Amablemente le explicamos de lo realizado, de dónde veníamos y cuanto nos había costado llegar ahí y luego de una intensa negociación accedió a dejarnos pasar y no solo eso!!! Además tuvimos la fortuna de que nos invitara un poco de coca para mascar, a los cinco minutos seguimos caminando bajo los efectos de la altura y de una buena porción de hojas de coca en nuestra boca. Luego de unos cuarenta minutos de caminata llegamos a la mesa del cerro que veíamos desde muy lejos el día anterior, nos acercamos con mucho cuidado a ese balcón sin baranda para ver nuestra diminuta carpa, el Maray, el café La Margarita y la inmejorable vista de la Cuesta del Obispo, la ruta, la Quebrada de Escoipe y una infinidad de vistas panorámicas en toda dirección. Estuvimos un buen rato disfrutando de la vista mientras los cóndores acechaban nuestra presencia, sin duda eran mucho más curiosos que nosotros ya que no paraban de dar vuelta a nuestro alrededor, parecía que querían empujarnos hacia el precipicio y así tener un buen bocado para picotear. Dos horas más tarde, nos encontrábamos nuevamente en la carpa, la desarmamos y bajamos por un camino más corto hasta el café la Margarita por donde pasa el Bus de Marcos Rueda Rumbo a Salta o Cachi, los chicos bajaron por el sendero corto y yo encare nuevamente por el camino largo para dar una nueva búsqueda del chaleco perdido, una búsqueda que nuevamente volvió a fallar. Así que luego de un rato nos encontrábamos nuevamente todos juntos esperando a resolver nuestro nuevo destino, que resulto ser el encantador pueblo de Chicoana donde cenamos lo más típico de la región y escuchamos un mini show en un cálido comedor llamado El Tiempo. Nuestra primera etapa había concluido con enorme satisfacción, el Norte Argentino nos recibió con los brazos abiertos demostrando que invierno es una excelente ocasión para realizar este tipo de actividad, Salta nos invita a volver y seguramente lo haremos el próximo año, gracias chicos.

Cesar Padilla
milpady@hotmail.com

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