Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

Dirección de Email: noticam@gmail.com





jueves, 24 de febrero de 2011

Por la Reserva del C.A.M.

ESTIMADOS AMIGOS: EL DIA SABADO 26 a hs. 8.00 SE ENTRARAN MAS PLANTINES A LA RESERVA NECESITAMOS 3 MUCHACHOS FORNIDOS Y HASTA BUEN MOZOS PARA AYUDAR EN ESTO PUES HAY QUE HACERLO EN UNA CANOA. ADEMAS UNO DE ELLOS DEBE TENER CAMIONETA QUE SERVIRA PARA TRASLADAR LOS CAJONES DE LOS ARBOLITOS U OTRA TAREA POR FI LOS QUE PUEDAN AYUDAR COMUNIQUENSE CON HELENA. RECUERDEN EL EQUIPO RESERVA HA TRABAJADO DESDE HACE MUCHO TIEMPO PARA QUE TODOS PODAMOS DISFRUTAR DE NUESTRA RESERVA ESTA VEZ NECESITA UNA MANO. UN ABRAZO MONTAÑES Graciela

viernes, 18 de febrero de 2011

Video del Aconcagua Enero/2011

Ya subí la película a You Tube, está dividido en 5 partes. Pufi Díaz

Aconcagua Ene 2011 - Parte 1





Aconcagua Ene 2011 - Parte 2




Aconcagua Ene 2011 - Parte 3




Aconcagua Ene 2011 - Parte 4




Aconcagua Ene 2011 - Parte 5




miércoles, 16 de febrero de 2011

Artículo sobre el Aconcagua

Cinco muertos en un puñado de días pueden llenar de pavor a cualquiera. En su historia, ya son más de 130 las vidas cobradas. Ahora bien, ¿por qué muere gente en esa montaña? ¿Pueden evitarse las pérdidas humanas? Aquí, dos palabras autorizadas y las claves para entender por qué se vive y por qué se muere en el Coloso de América. 


¿Por qué van los que van al cerro Aconcagua?

Pues porque allí se vive de tal manera, que es posible morir. Van porque es un lugar lleno de peligros y porque si no los hubiera, no irían. Van porque quieren explorar sus límites, porque, cuando llegan más lejos, crecen. Van porque son adictos a la adrenalina. Van porque allí los espera un desafío, un cara a cara, con la muerte del que esperan salir airosos: y casi siempre lo consiguen. 

Es el Aconcagua, pero podría ser el Himalaya, el fondo del mar, el desierto o la Antártida. En lugares así, la gente muere y esas muertes son inevitables. Tan inevitables que nadie puede garantizarnos seguridad en esos espacios. Es como aprender a caminar o andar en bicicleta o patines: habrá golpes, habrá moretones y hasta sangre. Si no querés que te duela, no vayas al cerro o no aprendas a caminar. 

Nadie te obligará a hacerlo: quedate en el árbol comienzo bananas o frente al televisor. Ahora bien, si tu decisión es crecer, dar el salto, habrá golpes, falta de oxígeno, frío, cansancio, soledad, siniestros, miedo y, tal vez, pierdas el latido en el intento. Son las reglas. Y la mejor manera de estar seguro es no emprender el viaje. 



LA IMPOSIBLE SEGURIDAD

Alejandro Randis
Alejandro Randis es guía de montaña, experto en seguridad y rescates y uno de los fundadores de la Escuela de Guías de Trekking y Alta Montaña, organismo que además dirigió. Tiene en su cuenta decenas de cumbres en el Aconcagua e integró la primera expedición mendocina en coronar cumbre por la temible Pared Sur.
Randis es, a todas luces, una de las personas más capacitadas del mundo para hablar de la seguridad en el Aconcagua. Charlemos con él.



- Se murieron otras dos personas este fin de semana en el cerro… 

- Y, sí. Es una cuestión estadística: en el Aconcagua se muere gente. Y esto no lo van a evitar jamás. Es algo terrible, pero natural. Y te digo algo: si se incrementan los sistemas de seguridad, también se va incrementar la toma de riesgo. Los que van por la ruta Normal, querrán ir por una ruta más difícil. 

- Uno va allí a jugar con sus límites… 

- Por supuesto. Hay una media aceptada de los límites humanos y hay ganas siempre de superarla. Es la esencia de la evolución humana. 

- ¿Qué hacer, entonces? 

- Hay que ver si uno está dispuesto o no a tomar los riesgos, los peligros. A veces, nos va bien, y progresamos y, a veces, nos va mal y morimos. Es así. 

- ¿Son "accidentes" los accidentes en el Aconcagua? 

- Son siniestros no accidentes. Los accidentes son sucesos no previstos y la gran mayoría son previsibles, son siniestros. En el Aconcagua, uno sabe que nieva, caen piedras, se pierden guantes, hay caídas y hay temporales. Entonces, hay que estar prevenidos porque esas cuestiones nos pueden pasar. Mientras más experiencia se tiene, hay más previsibilidad. Siempre se puede prever, pero no todos somos iguales. Cada uno tiene que hacer su propio diseño para los momentos de riesgo, saber hasta dónde está dispuesto a ir. 

- Pero no todos tienen la experiencia para saber hasta dónde ir. Entonces, es importante ir con otros y que haya alguien que comande el grupo. 

- Ahí es cuando uno contrata al que sabe hacer. Y hay que elegir un buen guía, aún sabiendo que él también hará su cálculo y su toma de decisiones y que puede equivocarse, porque es humano. Todos cometemos errores, hasta los más expertos. 

- La garantía de seguridad es imposible. 

- Es imposible, exactamente. Y el que diga lo contrario, miente o es un ignorante. 



LOS HUEVOS DE ORO

El Aconcagua –dice un estudio citado por Randis– mueve 30 millones de dólares por año. Es una estupenda fuente de riquezas genuinas para Mendoza. A él, cada año, vienen miles y miles de visitantes de todos los rincones del planeta. Es, además, símbolo de estar tierras en el mundo. Sigamos escuchando a Alejandro Randis. 

- El cerro genera una fortuna cada año y a los deportistas les cuesta miles de dólares intentar subirlo… 

- Por eso también merecen respeto y oportunidad, dentro de las reglas que cada uno se fija. En un país y en una provincia empobrecidos, Aconcagua es una entrada genuina de divisas. Y todas las polémicas que suelen armarse en torno a las muertes pueden hacer que matemos a la gallina de los huevos de oro. 

 - ¿Estás hablando de bajar deciveles al  debate? 
- Sí. Y no le escapo al asunto, pero con las muertes no hay que hacer un drama excesivo. Allí se muere como se muere en todas las montañas grandes del mundo. Lo que no hay que hacer es matar la capacidad de correr riesgos. Y ojo: no hablo de negar problemas. Pero hay que asumir que quienes van al cerro tiene que tener su previa idea del peligro y no se negadores de los problemas que aparecen. Hay que preguntarse para qué se corren los riesgos, si vale la pena hacerlo. 

- ¿Estás de acuerdo con el pago de un seguro? 

- Esa es otra falacia. El seguro se lo da cada uno, tomando las decisiones que correspondan. Mirá: el 40% de los automovilistas no tiene seguro contra terceros. Los bomberos no tienen seguros para hacer su tarea. ¿Y nosotros queremos exigir seguros a los guías? Es una locura. El Aconcagua es un juego de alto riesgo y el mejor seguro es no jugarlo. Esto es el libre juego de la aventura. 

- El Aconcagua es una fuente enorme de dinero. 

- Sí. Y lamentablemente, en los últimos tres años, por una mala política oficial de Recursos Naturales, se aplanó la curva de ingresos. Las visitas ya no crecen como venía sucediendo desde siempre, porque los funcionarios de turno no saben y se quieren proteger y, entonces, suben el costo del ingreso. Ahora, entrar al Aconcagua es carísimo. En todos los cerros del mundo suben las visitas y acá bajan, porque los funcionarios no quieren problemas. Y problemas va a haber siempre.  



CABEZAS DURAS

David Spinelli es jefe de la Patrulla de Rescate de la Policía de Mendoza. Y también tiene lo suyo para decir: “Este fin de semana, murieron dos personas más. Una de ellas, murió por lo que nosotros evaluamos como malas decisiones del guía inglés que manejaba el grupo”, inicia. 

Spinelli hace referencia a la muerte de un australiano el viernes por la noche o sábado por la madrugada. El día de cumbre, las condiciones no eras favorables y, en reiteradas ocasiones, se le informó al guía inglés que comandaba la expedición que retornasen al campamento. Sin embargo, no lo hizo. Ese día, se declaró en emergencia estando aún en la Canaleta (6500 msnm) a las 22 horas, cuando, a lo sumo, a las 18 o 19, ya debieran haber estado de regreso en sus carpas. 

“Siempre hay algunos cabezas duras que insisten con hacer la suya y después vienen las malas noticias. Uno entiende que se invierte mucha plata para venir al cerro y que están las ganas de hacer cumbre, pero la única verdad es que la verdadera cumbre está en la casa, cuando retornan sanos y salvos”, dice Spinelli. 

Y sigue: “Lo recomendable, en todo momento, es respetar las indicaciones de Guardaparques, Policía y el servicio médico. Hay que estar muy atentos a las condiciones climáticas y no subir, si no se puede. 

- Es un juego y algunos juegan mal… 

- Ir es un riesgo y uno juega o no, pero las reglas siempre las pone la montaña. Allá se ve cómo quiere jugar cada uno. Y también que hay guías que ponen en riesgo a su gente. En el caso del australiano, el guía fue un irresponsable. Todas las expediciones bajaban y él siguió para arriba. Ojalá se investigue y se tome cartas en el asunto y si el guía fue un irresponsable, que pague. Nosotros le vamos a arrimar a la justicia todos los elementos que sean necesario. Un hombre murió, pero podrían haber sido diez. No pueden venir acá a hacer lo que se les dé la gana 

- Ni a echar el fardo al Estado… 

- Ese es un gran problema: después quieren echarnos la culpa porque hay muertes a nosotros, la Policía, o a guardaparques, al helicóptero, a los guías, a las empresas… Hay que ser muy responsables con las decisiones que cada uno toma.

Link permanente: 

miércoles, 2 de febrero de 2011

Relato Aconcagua 2011

Parque Nacional Aconcagua
Viaje al Aconcagua - Enero 2011
Este relato pretende contar como fue el viaje al cerro Aconcagua y aportar datos para futuros montañistas que piensen en ir allí.
Salimos de Salta el domingo 16 de enero de 2011en la camioneta de Alejandro Cañizares, junto con Alberto Armentano y yo, Alejandro Díaz Patrón, rumbo a Mendoza, donde llegamos luego de un viaje larguísimo y muy caluroso ya entrada la noche. Fuimos directo al hostal que nos quedaba frente a la terminal de ómnibus y muy cerca del centro, muy cómodo y con aire acondicionado. A la mañana siguiente, fuimos a la Secretaria de Turismo a unas cinco cuadras del hostal, e hicimos el trámite para sacar el permiso de ascenso que se tiene que presentar para ingresar al Parque Provincial Aconcagua. Se llenan dos formularios y se hace el depósito en un Pago Fácil ($720 por ser temporada alta). De allí, nos fuimos a una tienda de montaña muy completa llamada Orviz, donde venden y alquilan todo tipo de equipos, porque necesitábamos un par de botas dobles y una marmita. Terminado esto, un almuerzo rápido y partimos hacia Penitentes (2.600 m.s.n.m.). Tres horas de viaje aproximado y llegamos directo a las instalaciones de la empresa Grajales, quién nos prestaría el servicio de mulas hasta el campamento base, Plaza de Mulas. Acomodar todo el equipo, ya que no puede exceder de 20 kilos por bulto y de 60 por mula, y entonces hacer el despacho. Nos quedamos solo con las mochilas que llevaríamos nosotros y lo que necesitaríamos los próximos tres días. A partir de aquí, hay que tener mucho cuidado con lo que se consume o compra porque todo es en dólares y carísimo. Luego del despacho, nos fuimos al Hostal Refugio Aconcagua que queda al lado de Grajales. Muy cómodo, tiene habitaciones privadas y compartidas, para todos los gustos. Al día siguiente, desayuno temprano y partimos hacia el Parque, previa visita al cementerio del montañista y Puente del Inca, entramos tipo 11 de la mañana, hicimos el check-in en Guardaparques y dejamos la camioneta en la playa de estacionamiento. A partir de allí, a caminar. El paisaje es increíble desde que uno llega. A buen ritmo, por un sendero irregular de subidas y bajadas, estuvimos en Confluencia (3.400 m.s.n.m.) en unas dos horas, que sería la primera parada a dormir para aclimatar. Nos acomodamos en un domo con 6 cuchetas donde solo tenés la cama y el colchón, luego se coloca la bolsa de dormir y listo. Cena a las 7 de la tarde, frío en cuanto baja el sol, así que a dormir. Al día siguiente, desayuno temprano, y salimos Ale Cañizares y yo rumbo a Plaza Francia, el campamento base de los que van a subir el Aconcagua por la pared sur. La travesía es increíble y más lo es la impresionante pared de 3.000 metros de altura casi vertical y con unos glaciares colgando que parece que se caen en cualquier momento, hasta tuvimos la suerte de ver una avalancha. Volvimos a Confluencia a dormir, y al día siguiente nos fuimos rumbo a Plaza de Mulas. Una caminata muy larga donde se pasa por lugares como la Playa Ancha, Piedra Ibañez, Refugio Colombia (destruido por un alud), la Cuesta Brava, y finalmente Plaza de Mulas (4.300 m.s.n.m.). Un lugar increíble, hasta algo surrealista, se mezclan la naturaleza con el deporte, el turismo, la tecnología de última generación, una galería de arte, un pub, un hotel, y un deambular intenso de gente de todas partes del mundo. El idioma oficial es el inglés, pero se escuchan de todos los rincones que uno se pueda imaginar. Uno ve gente que baja de la montaña que se cruza con otra que sube, al lado pasa una caravana de mulas llegando cargadas de bultos de todo tipo, y de fondo, el incesante ruido de las aspas del helicóptero que va y viene entre los distintos campamentos base llevando y trayendo de todo, desde guardaparques, médicos, turistas (el que puede pagarlo), carga colgando de un cable, tachos llenos o vacíos para los baños, o haciendo alguna evacuación de personas que sufrieron algún tipo de dolencia o malestar, etc. Al principio divierte, luego molesta, un mal necesario. En la galería de arte conozco a su propietario, un "loco lindo", Miguel Doura, un amante de Salta, vivió algunos años aquí, escucha Los Chalchaleros todo el día por lo que es fácil que nos hagamos amigos, "venite más tarde y nos tomamos unos vinos" me decía. Está equipado con toda la tecnología, teléfono satelital, internet, estaciones climatológicas, etc., y con él, que sabe mucho, hacíamos los pronósticos de los próximos días. Cuando le pregunto cuánto le debo, me dice, "porque no me pagás cantándonos una zambita", gracias Miguel por ser un buen tipo (y en Plaza de Mulas no abundan). Se escuchan todo tipo de estrategias y planes acerca de cómo hay que subir el cerro y lo que les pasó a otras expediciones, amigos, vecinos de carpa, etc. En seguida llego a la conclusión de que hay que aislarse un poco y no prestar atención a todo lo que se oye. Creo que hay muy pocas personas con autoridad como para opinar. Mejor no ver los que bajan en mal estado, no escuchar a los que opinan sin haber subido, tampoco opinar uno de lo que no sabe. Decidí sujetarme a rajatabla a la planificación que trajimos de Salta pero con la flexibilidad de poder hacer algunos cambios sobre la marcha.
Nos ubicamos en el domo de Grajales, igual al de Confluencia, y a descansar. Al día siguiente, dormir hasta tarde y breves caminatas por el glaciar Horcones Superior y visita al hotel, para sí, al día siguiente, hacer con Ale Cañizares un ascenso, pero, decidimos en lugar de hacer el clásico ascenso al cerro Bonete (5.008 m.s.n.m.), cambiar por subir a conocer lo que nos llevó ahí, el Aconcagua. Con mochilas livianas, agua y abrigo, subimos primero a Plaza Canadá (campamento 1) y cómo estábamos muy bien aclimatados, seguimos a Nido de Cóndores (campamento 2). Tardamos unas cinco horas en subir y una hora y media a dos en bajar, porque se vino la tormenta y comenzó a nevar, entonces a partir del lugar que se llama Cambio de Pendiente (entre Nido y Canadá), nos largamos por el acarreo, que es un camino directo de material suelto que permite bajar rápido, en general sólo usado por porteadores, y que desgasta las piernas rápidamente. El entrenamiento fue excelente, y la aclimatación y nuestro estado físico eran inmejorables, quedamos eufóricos. Pero el clima nos comenzaba a avisar que los pronósticos no estaban equivocados, tormentas todos los días con nevadas intensas y el cerro muy tapado de nubes. Pregunto por Jaime Soriano, un salteño que trabaja en la temporada del cerro y resulta que estaba en el campamento de al lado, un tipo bárbaro, (el segundo que encontraba), al que sí hay que escuchar cuando opina. Seguimos el plan y descansamos un día más y partimos a instalarnos directamente a Nido de Cóndores. Jaime nos iba a llevar la carpa y otras cosas hasta allí, y nosotros el resto. Partimos bastante cargados, y cerca de Plaza Canadá, Ale se siente mal, me dice que casi no pudo dormir esa noche (quizás por la ansiedad) y que sentía náuseas y las piernas muy pesadas. Decide no seguir y bajar. Nos despedimos y yo continúo el ascenso. Al llegar a Canadá, el cielo estaba negrísimo, y comenzó una tormenta eléctrica con truenos que realmente asustaban, no sabía que hacer y decidí continuar, pero tenía miedo de los rayos así que me saqué la mochila y la deje en el suelo junto con los bastones y me aleje hasta unas piedras donde también hacían lo mismo una pareja de brasileros. Charlamos un rato y eso me calmó. Luego continúo el ascenso ya con una nevada importante y paso el Cambio de Pendiente y por fin llego a Nido de Cóndores. Me encuentro con Jaime, quién ya había armado la carpa (gracias Jaime), charlamos un rato y se fue. Controlo todos los anclajes de los vientos a las piedras y agrego algunas, porque en el cielo se veía que venía de nuevo la tormenta. Fui a buscar nieve entre unas rocas, enterrándome hasta las rodillas, lo que cansa mucho sobre todo a esa altura, y luego a derretir para tener agua. Tomar sopa o jugos para no beber el agua de nieve sola que tiene mal gusto y te cae peor. Se hizo de noche, preparo una comida liofilizada que era asquerosa y me dejó con náuseas, y a dormir como se pueda porque el frío era terrible. Me metí vestido hasta con la campera de plumas a la bolsa y así pasé la noche. Al día siguiente era más de lo mismo, nevada todo el tiempo. Voy a lo de los guardaparques para ver el pronóstico y era malo, muy malo, hasta el 28 de enero donde empezaba una ventana de buen tiempo. La mala noticia era que recién estaba en el día 24, había que esperar mucho y se nos acababa el tiempo (y la plata). En ese momento evalué la situación en la que me encontraba, el clima, el hecho de estar solo y que por eso las posibilidades eran, por un lado, salir al día siguiente hacia la cumbre directamente desde Nido pero con ese clima quedaba descartada, y la otra era moverme a Campo Cólera (campamento 3) pagando un porteo importante de u$s220 de ida y otro tanto de vuelta, lo que sí me depositaría en Cólera pero sin garantía de buen tiempo cómo para intentar cumbre. Veía expediciones que bajaban abortando el intento de cumbre, prácticamente no se hicieron en ese día y al siguiente. Así que, no lo pensé más y decidí bajar. Mi bronca era inmensa pero también mi alegría, estaba en excelente estado físico, sano (escuchaba tos por todos lados), con una motivación increíble, así que me dije voy a volver las veces que sea necesario hasta que pise la cumbre. En ese momento me sentí hermanado con el cerro, ya sabía que el clima en el Aconcagua es así, por lo que se me pasó la bronca y disfruté todo el camino de bajada a pesar de la nevada y el frío. Fue bajar, encontrarme con mis amigos, Alberto y Alejandro, a quienes extrañé el tiempo que nos separamos, no pude tener mejores compañeros de expedición, divertidos y solidarios al extremo. Ya solo nos quedaba el disfrutar del viaje de vuelta hasta Salta, el que ya no fue tan largo y caluroso.
Y recibo luego un mail de un amigo de Mendoza, al que todavía no conozco personalmente (otro motivo para volver), Luis Jait, "lo bueno que tienen las montañas es que tienen su carácter, si no quieren, no quieren", y "mejor que no, así la próxima vez ya sabés más".
Espero que les haya sido útil mi relato y que no los haya aburrido. Estoy a disposición del que necesite cualquier información, tengo por supuesto direcciones, teléfonos, precios (que no creo que duren mucho), tiempos, fotos, películas, listado de equipo necesario, programación diaria, empresas prestadoras, etc.

Alejandro Díaz Patrón.

martes, 1 de febrero de 2011

Colaboración para la Reserva del C.A.M.

ESTIMADOS AMIGOS MONTAÑISTAS: Como ustedes saben estamos trabajando con el Proyecto Prima Klima que nos esta permitiendo terminar con el alambrado en la Reserva, pues sin este, los árboles no estarían seguros ya que los animales que llevan a pastorear a nuestras tierras los destruirían. Helena hace unos días subió un cronograma de actividades, NECESITAMOS MANOS DEL CAM para que la plantación del Bosque Nativo se concrete. LOS QUE QUIERAN Y PUEDAN comuniquense con ella. En que pueden ayudar: desde un llamado telefónico para averiguar precios o comprar materiales, hasta llevar plantines o donar una pala SIRVE. El Grupo Reserva esta agotado con tanto trabajo y el PROYECTO ES DE MUCHA IMPORTANCIA PARA NUESTRO CLUB. Esperamos contar con ustedes como siempre ayudando en este caso a nuestra querida RESERVA y haciendo realidad nuestro lema LO MEJOR PARA EL COMPAÑERO.
Un abrazo montañés.

Graciela