Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

Dirección de Email: noticam@gmail.com





lunes, 16 de enero de 2012

Llullaillaco, un caminar por el pasado


Hace un par de horas largas que iniciamos la marcha, el sol aún no sale pero ya ilumina el horizonte deformado por la silueta de infinitas montañas; no lo vemos todavía, pero única y claramente ilumina la pirámide cumbrera. Por eso venían, me digo…, a adorarlo a él, a Inti, era el primer lugar donde tocaba la tierra en estas latitudes, en la cima del Llullaillaco.

…miradas centenarias y ecos de otra época se confunden con el sonido de nuestros pasos, el roce de la suela de la bota con la arena volcánica y la piedra pómez, ¿ como habrán subido con “uyutas” de cuero y lana?. Mi pensamiento se ve constantemente interrumpido con el jadeo de mi respiración acelerada, el pecho que juega al trancabalanca con mis latidos haciendo ascender y descender el  ritmo de mi corazón de manera permanente. ¿ Ellos habrán subido por aquí, con la misma dificultad que yo?, no lo creo…
Siento el ladrido de un perro…¡ imposible!; ¿los incas tenían perros o vinieron con los españoles?, escucho eco de voces… de seguro son la de mis compañeros que vienen detrás…no pueden ser otras…; la mirada de un niño sobre mi, no tiene las ropas de la actualidad; otras personas que me observan vestidas igual que èl. Sigo subiendo a ritmo sostenido a pesar de esa pendiente y ese terreno que se encarga sistemáticamente de intentar sacarme justamente eso, el ritmo. Tres pasos para arriba y dos para abajo sin quererlo ya que el suelo se desliza bajo mis pies intentando hacerme  retroceder constantemente. Ellos deben haber tenido otro andar, seguramente ágil, liviano y acompasado, no este brusco y torpe mío; ¿y el frio?, me entumece los dedos, tanto de las manos como de los pies, ¡ a moverlos casi constantemente !, el cosquilleo me hace saber que aún están allí sin congelarse.
Algunas pircas a los costados de la huella me distraen  para que el fastidio de este andar desacompasado no se imponga en mi. ¿Son tambores este ruido que retumba dentro mio?, no, es solo el latir de mi corazón que percute en mi pecho, es el único ritmo que siento. Observo los vestigios de las pequeñas viviendas, trozos de maderas que habrán oficiado de leña y otros largos con forma de tirantes de techo, ¿ que madera será, de donde la habrán traído?, hasta los pedazos de cardón parecen extraños a este lugar, la última planta de esa especie que vi fue a más de trescientos kilómetros.
Me siento a esperar a mis compañeros en una piedra grande y firme que encuentro. El viento me sigue trayendo ruidos ajenos a la quietud del paisaje que me circunda; murmullos, se que me observan.  Aparece Norma, aprovecha mi descanso para tomarse el suyo, se sienta también. Al cabo de unos minutos  veo a Pancho que viene encabezando el grupo, detrás Ale, Santiago, Raúl y Ricardo; les hago señas de aliento, fundamentalmente a Santiago cuya persistencia me conmueve. Me levanto y reinicio la marcha, Amigos de esta y otras épocas con quienes compartí esta montaña vienen a mi cabeza, a algunos los invoco para que me asistan ahora, junto al amor y a los afectos hasta me creo tener ventajas sobre las dificultades de la montaña, ella me hace sentirlas, en mis pies, en mis piernas, en mis pulmones; pero fundamentalmente la siento en mi alma y en mi cabeza, ese sentir es el que me hará subirla.
Más vestigios de esta enigmática civilización se hacen presente, una vivienda con sus paredes y tirantes casi intactos marca un cambio en la montaña. Topografía diferente que muestra la  huella hacia la cumbre y promete un paso más armónico; aún falta pero ya queda menos.
¿ Como habrán sido estos últimos pasos para ellos?, ¿habrán sabido estos niños que la cumbre de la montaña era el inicio de su paso a otra vida, a la eternidad?. Fin de un camino y comienzo de otro.
No obstante se puede marchar rítmicamente ya, el cerro te sigue exigiendo, la altura hace sentir lo suyo y ya las reservas no son las mismas; sin embargo un ímpetu, una fuerza interna me sigue empujando hacia arriba. Promontorio cumbrero y el altar donde los niños tuvieron su morada que creían eterna y definitiva…., más allá la cumbre geográfica, un frio roquerìo erosionado por las inclemencias, a sus pies y bajo su protección, dos viviendas semicirculares, ¿allí los prepararon?, ¿fue donde habrán pasado su última noche?, ¿lugar donde pernoctarían quienes luego venían a venerarlos?.
Llegamos al umbral de la cumbre sagrada, es solo hacer dos pasos más para encaramarse en ella, decido esperar a mis compañeros y se lo digo a Norma; se emociona y me dice que quiere subir…”anda, hace cumbre, yo espero a los chicos aquí”.



 
Carlo Clerici.-

No hay comentarios. :