Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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martes, 3 de abril de 2012

Llullaillaco, un viaje a los sueños….


Cuando tenía 9 años, hace un rato ya, vi por primera vez una foto del Vn. Llullaillaco, enorme, majestuoso, en esa época era considerado el más alto del mundo (hoy sabemos que ese lugar lo ocupa el Pissis), además, su nombre me resultó no solo difícil de pronunciar sino sumamente misterioso. Fue un “amor a primera vista” Tiempo después descubrí el montañismo a través de Adrián Soto (antes no sabía que lo que hacía de manera solitaria y de alguna forma rudimentaria se llamaba así), excelente deportista y mejor persona aún, me "abrió las puertas para ir a jugar...” invitándome al CAM. Él hacía poco había estado en el Llullaillaco y en una juntada "matera" describió cómo la luna llena se reflejaba sobre el salar encandilándolos, qué decir... ¿esto sería amor a segunda vista?
El tercer impacto lo recibí cuando, estudiando Antropología en la UNSa, viví desde "adentro" lo acontecido con los Niños extraídos de su cumbre... de más está decir que a todos nos conmovió...en ese momento sentí como nunca la necesidad de estar en ese lugar, caminarlo, sentirlo... debía ser maravilloso para ser digno de semejantes ofrendas....
Por otra parte viví muy de cerca la experiencia de una expedición del CAM, de la que participó Fabian, mi compañero de ruta, Carlo, Flavio, Carlos Cuevas, entre otros. El plan era hacer el acercamiento a pie desde Quebrada del Agua con la finalidad de aclimatar, pero luego el grupo se tuvo que dividir, llegando algunos hasta el “Cementerio” a los 4900 m., entre ellos estaba el "Nanni", quien al regreso se rompió los meniscos víctima de los "ocultos". Para mí era muy importante hacer el "tramo" restante.
Muchas veces intenté ir, el Llullaillaco requiere de una logística importante, tiempo, entrenamiento, equipo, etc. La posibilidad llegó de la mano de Carlo. ¡¡¡Qué vértigo!!!!!! Increíblemente: ¡cuántas dudas!!!! Jajá. Y sí… que un sueño largamente acunado se haga realidad puede generar tantas cosas.....
Mi equipo me apoyó incondicionalmente, me refiero a Azul, Huaira y Fabian y mis amigos también, particularmente Irene, Rafa, Maru, Mariela, Matías e Inés, qué loco, a todos ellos me los dio la montaña.
Y como diría Luis Tapia, liberé mi " espíritu nómade"....
Mis compañeros en esta aventura fueron Pancho, para mi gran sorpresa y alegría, Dardo, con quien ya había compartido otras salidas y Érico, un brasilero que a veces parecía más argentino que nosotros. Partimos el sábado 17 de Marzo rumbo a San Antonio de los Cobres, obviamente al Hostal del Cielo. Allí pasamos la primera noche después de hacer una caminata durante la cual llegamos al Cementerio, allí con una hermosa vista del Acay y del Chañi, como no podía ser de otra manera, se largó a caminar mi hijo mayor Azul, estábamos bajando a Salta con él, de un añito, en bicicleta.
Domingo rumbo a Tolar por Abra Chorrillos, qué maravilla...las cumbres cubiertas...Tuzgle, Acay, Quewar, Azufre, Rincón. Dejamos atrás Olacapato y Cauchari. Unas riquísimas empanadas en el Salar de Pocitos y a adentrarnos en los maravillosos ocres del camino.
Antes de dar la última curva apareció el enigmático Llulla, blanquísimo.....Érico recién empezaba a tener idea de la envergadura del volcán...
Pasamos dos días en el Refugio Franco-Argentino de Tolar Grande con el fin de aclimatar bien, frenando el impulso de salir ya rumbo a la montaña. El buen clima nos acompañaba y la vista de los maravillosos volcanes Antofalla, Llullaillaco, Socompa, Arizaro, Salín, Pajonales, Pular (estos dos del lado chileno), Aracar, Guanaqueros y de la montaña sagrada Macón. Visitamos los "ojos de mar" y los médanos contaminando acústicamente esos lugares con dos "personajes" maravillosos que conocimos, Silvina Lorenzo y Fernando Garello, quien rebautizó a nuestro destino como Lulalaico. Con ellos, después de unos magníficos tallarines caseros brindamos con un whisky de no sé cuántos años, un lujo.
Miércoles, por fin atravesamos el Salar de Arizaro rumbo a la estación Caipe, en el camino vimos la Mina de “Taca Taca”, tanto despliegue para sólo estar “explorando”… Llegamos a la vieja estación, qué vista maravillosa del Salar de Arizaro y qué triste la del abandono, la del saqueo, otro camino incipiente truncado por decisiones tomadas sin pensar en la cantidad de vidas afectadas, es muy movilizador ver sobre todo la escuela vacía. He podido disfrutar del movimiento que había en las estaciones, hoy pueblos fantasmas, tengo la esperanza de que, cuando seamos “grandes” cuando “crezcamos” como país, vuelvan a tener vida. Una canilla descompuesta permite el crecimiento del pasto en el medio de tanta aridez y la presencia de una importante cantidad de pájaros, que ante la rareza de nuestra presencia, se acercaban a nosotros con curiosidad.
Pancho no se cansaba de elogiar la maravilla del Ramal C14 y repetía “...pensar que lo hicieron a pico y pala...”, realmente una magnífica obra de ingeniería. Seguimos encontrando en el camino, al acompañar el recorrido del tren, las huellas de sus constructores...un horno de pan…precarias viviendas…cuántas familias se formaron a partir de esto. Llegamos a la tumba del alemán encontrado muerto al intentar alcanzar su barco del otro lado de la cordillera. Cuántas historias… el andar no tiene precio…
Llegamos a la Hoyada, al atravesarla lo tuvimos al Llullaillaco de frente. Cuántos relatos escuchados de viejos, no por eso antiguos montañistas… Le pedí a Pancho que me mostrara, según lo que le habría contado Carlo, hasta dónde habían llegado aquella vez, fue muy emocionante ver todo lo que caminaron, reconocer lugares descriptos tantas veces…. Después fuimos hasta la gran roca detrás de la cual estaban apostados nuestros soldados “cuidando” nuestra frontera, qué locura, cuatro, dos debían atacar o morir y los otros correr a avisar… en el medio dela nada…. El camino se hizo más difícil pero lentamente llegamos hasta el lugar donde armaríamos nuestro Campamento Base, cerca del sitio arqueológico conocido como “Cementerio” a los 4.900m. La carpa comedor con todas las comodidades se hizo presente, por fin podríamos disfrutar del contenido del “taper” tan celosamente cuidado por Pancho. Érico y yo compartimos la carpa, el armado fue todo un espectáculo, cómo nos reímos cuando Pancho descubrió una piedra debajo…al final quedó espléndida.
Hidratar, hidratar, hidratar, una de las consignas fundamentales en la montaña. Mientras degustábamos la riquísima merienda, Pancho preparaba la salsa para los fideos de la cena. El oxímetro indicaba que estábamos en muy buenas condiciones los cuatro. Las anécdotas, los planes para encarar el ascenso y los motivos que nos habían llevado hasta ahí se mezclaron con el atardecer, con el cono de sombra que proyectaba el volcán, el viento de la puna, su increíble cielo… qué difícil transmitir luego todo lo que se siente…
Esa noche comenzó tranquila pero los síntomas del mal de altura se empezaron a hacer presentes en Érico, cambiamos de carpa y Pancho lo acompañó (sin dejarlo dormir después por los ronquidos, a decir de Érico).
A la mañana siguiente en lugar de ir hasta el Campamento I caminamos hasta el “Tambo”, los síntomas empeoraron y sólo estábamos a 5300m. Dejando de lado lo malo que ya anunciaba la imposibilidad de intentar la cumbre, fue maravilloso haber llegado hasta ese lugar, menos mal que estaba bien hidratada, las lágrimas no dejaban de salir, cuánta emoción...El lugar es de una belleza indescriptible, cuántos colores, todo lo que rodea al Tambo es precioso. Pensar que hubo tantas personas involucradas en los peregrinajes propiciatorios, por un lado, las que acondicionaban el camino, proveían de leña, alimentos, abrigo, agua, llevados desde grandes distancias, en fin, todo lo necesario para poder permanecer, si bien por cortos períodos de tiempo, en un lugar tan hostil, sería algo así como un “campamento base”. Por otro lado, los que formaban la comitiva cusqueña, sacerdotes y ofrendas que no solo eran humanas, esto, por lo que leí, se repitió por décadas. De todos modos, imaginar el “viaje” de los niños fue muy movilizador, ellos eran lo mejor que tenía el Inca y en un largo peregrinaje los ofrendaron a su Apu Llullaillaco. Como montañistas debemos, tenemos la obligación de ser responsables, de cuidar ese patrimonio, no necesitamos modificar, ni llevar recuerdos, es demasiado lo que en el alma cargamos, es imposible ser los mismos que partimos después de tan fuertes experiencias.
El Volcán Llullaillaco atrae desde muy diferentes ángulos: desde lo arqueológico, por ser el yacimiento más alto del mundo, por las ruinas que se encuentran en su cumbre, y por ser el complejo ritual mejor conservado en los Andes; desde lo histórico, por ser el testigo inmutable de problemas limítrofes, del trabajo titánico de la construcción del Ramal que atraviesa una zona tan inhóspita como la puna, del crecimiento de poblados y la desaparición de los mismos, de hombres trabajadores o bohemios llevando adelante empresas personales o colectivas y, por supuesto, desde lo montañístico, sus 6739m., las dificultades de su ascenso y su ubicación lo hacen un reto más que interesante, como dijo Pancho, “no es solo el volcán, es mucho más…”
Dardo, quien había pisado su cumbre el año pasado, si bien deseaba volver, nunca se imaginó hacerlo tan pronto, estaba profundamente emocionado.
Bajando un poco de la emoción, la decisión correcta era bajar, los síntomas empeoraban, no obstante la actitud de Érico, a pesar de sentirse tan mal, fue siempre positiva, admirablemente positiva. En un momento me preguntó si me ponía triste la situación, le dije que sí, pero que las montañas están ahí y que mientras estemos bien, por ende nuestras familias, podríamos volver, lo que le estaba ocurriendo nos podría haber pasado a cualquiera y la decisión hubiera sido la misma. Con Pancho hablamos mucho al respecto y vuelvo a repetir lo que le dije a él, haber estado ahí fue maravilloso como todo lo compartido con él, Dardo y Érico.
Durante la noche corrió muchísimo viento y se mantuvo durante la mañana, la cumbre se veía “despeinada”, desarmar las carpas se complicó un poco pero se transformó en algo divertido.
Antes de irnos, hicimos nuestras ofrendas a la Pachamama (corpachada), agradeciendo y devolviendo algo de lo que nos dio, otro momento muy emotivo, estaban conmigo mi familia y mis amigos, sobre todo los que me acompañan desde otro lugar hace ya un tiempo…abrazos, lágrimas y un hasta pronto, sé en el fondo de mi corazón que el “Llulla” me va a dejar volver…
Luego de la foto del equipo: cambio de planes, volvíamos por Mina julia y Campamento La Casualidad, qué alegría, aunque no logramos convencer al “brasilero” de pasar la noche ahí, en el Casino de Oficiales.
Atravesamos el Salar del Llullaillaco, con su laguna con parinas. Paramos a ver el pozo de donde se sacaría agua para vender a Chile, otra “genialidad” de la corruptela argentina, allí Pancho encontró una piedra volcánica de un tipo particular que estuve buscando durante toda mi estancia en el volcán, qué maravilla, ya tenía algo para negociar, recordar que vivo con un escultor (je).
Avistamos por fin Mina Julia, ubicada en el C° Estrella, Lasterría ó Azufre, con el rastro dejado por el cable-carril que recorría 15 km. para llevar el azufre que se extraía entre los 5200 y 5800m, hasta el Campamento La Casualidad, donde se procesaba y luego era llevado por una ruta asfaltada de 60 km. de extensión, que, sin mantenimiento alguno, sigue en buen estado, hasta la estación Caipe. Por allí pasaron más de 8000 personas entre 1951 hasta 1979, cuando Martinez de Hoz ordenó su cierre. Toda esta infraestructura es algo que deja mudo al observador. Pensar que los que vivieron allí contaban con todos los servicios, (agua, luz, gas), escuela, iglesia, canchas, etc. a 4180m es increíble, más aún su cierre y posterior desmantelamiento sin tener nunca en cuenta la importancia socio-económica del lugar. Hoy, con el Salar de Río Grande de fondo, ese pueblo abandonado repentinamente, reutilizado, vuelto a abandonar, saqueado una y otra vez, forma parte del paisaje, pero no así de la memoria colectiva, tenemos muchas historias olvidadas y deudas pendientes aún.
Seguimos nuestro viaje, Dardo se ocupaba de nuestra alimentación y yo cebaba unos mates “peor es nada”…bueno…mates al fin, los especialistas eran Pancho y Érico, este último nos dio clases de cómo cebar un buen mate “gaúcho”, además de hablarnos de “Pablo el enterrador”, de los “Canallas” y de algunas “costumbres argentinas” desconocidas para nosotros.
Llegamos a Tolar, el refugio lleno, salimos huyendo rumbo a San Antonio, allí cenamos y luego un buen baño reparador en lo de Marcos. Al otro día partimos rumbo a casa, antes buscamos un cabrito que será cocinado para Pascuas en Córdoba por Pancho, un quesito de cabra y nos convidaron unos choclos del tipo Capia, riquísimos. Con Dardo ya programamos una salida a una quebrada, pretexto: recorrerla, descubrirla, finalidad verdadera: comer al regreso en lo de la Doña un cabrito en el horno de barro, qué tal.
Cargada de anécdotas, emociones, pienso en qué me dejó esta experiencia…el montañismo es una forma de vida que elegí, tiene que ver con la constancia, el amor, con el esfuerzo, la solidaridad, la seriedad, el disfrute… con los sueños…y eso es lo que me dejó, la confirmación de que se pueden hacer realidad y “eso” es lo que les dejo a mis hijos….

En cuanto al Llullaillaco solo me queda decir que volví a casa para empezar a volver…

Gracias a los “chicos” de Andean Trips, Carlo, Pancho, Mariano y Paola.

Mercedes López.-

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