Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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miércoles, 11 de abril de 2012

Nevado de Cachi con amigos (Abril 2012)

El día viernes 30 de marzo pasado salimos de Salta rumbo a Cachi con José Muñoz y Alberto Armentano para juntarnos allí con un amigo cordobés, Marcelo Badra, para intentar las cumbres más altas del nevado. A través de Martín Oliver habíamos conseguido a un burrero conocido como el “Sapito” para que nos llevara el equipo técnico y la mayor parte de la comida hasta el C2 (Isla de Piedras), para el día lunes 2 de abril ya que antes no podía. Nosotros partimos el sábado 31 rumbo al C1 (Piedra Grande) desde el rancho de Liquín acompañados con Mariela Flores, Facu Castillo y Gustavo Soto que iban al Pirámide. Nos separamos en el rancho de la Jacinta y esa tarde estuvimos en el C1. Allí tuvimos la baja de Alberto, quien no quiso seguir y se volvió al día siguiente a Cachi y luego a Salta. En Piedra Grande nos encontramos con un par de porteños, jóvenes del CABA, que también subían y por detrás de ellos llegaban 4 más, 2 parejas, con la misma idea. Nos quedamos el domingo en el C1 para aclimatar, y al día siguiente, lunes, subimos al C2. Los porteños hacen lo mismo. Los burros no aparecieron ese día. Hablamos a la noche por teléfono satelital y nos dicen que está demorado y que llegarían al día siguiente. Esperamos el martes y tampoco llegaron. Nos quedamos sin comida y ya con algunos días perdidos, Marcelo nos dice que ya no tenía oportunidad de hacer alguna cumbre, así que pensaba en volverse para estar en Córdoba el sábado. José también compartía esta idea, y yo terminé aceptando la realidad, que los burros no iban a llegar y estábamos totalmente desprovistos. Decidimos hacer sociales con los porteños antes de bajar, y entre mates, galletas y salchichas, nos ofrecen seguir con ellos para arriba, diciéndonos que tenían comida y equipo técnico para convidarnos. Con un poco de orgullo, rechazamos la oferta y nos fuimos a dormir. Al día siguiente, miércoles, me levanto muy temprano y pienso mucho en el tema de aceptar la propuesta, y se las comento a mis compañeros cuando se despiertan. Ellos me incentivan a que vaya y hable con los vecinos para ver bien como era la idea de ellos. Voy, y me dicen que la comida les alcanzaba para uno más sin problemas y que el jueves ellos pensaban descansar en el anfiteatro y por lo tanto no iban a usar el equipo, y que ese día podía usarlo yo, y que por otra parte les hacía falta un guía hasta el C3. Me pruebo las botas dobles de uno de ellos y me quedaban bien así que acepto. Guardo todo mi equipo, me despido de mis compañeros que se volvían y emprendemos el camino al Anfiteatro porteando todo. Llegamos alrededor de las 16 hs. y armamos campamento. Descansamos, pido el equipo prestado para subir al día siguiente. Mi idea era intentar la cumbre Hoygaard en solitario saliendo tipo 5 de la mañana ya que no había tiempo para montar el C4 arriba del anfiteatro para intentar el Libertador. Más tarde, se me acercan Daniel y Norma y me dicen que se sentían bien y querían subir conmigo. Que suerte, ya no estaba solo. Esa noche me invitan a una de las carpas a comer y me sorprendió la comida preparada por Guillermo, rica, abundante y nutritiva. Me quedo pensando en lo mal que me alimento cuando voy a la montaña por el solo hecho de no saber cocinar y comer todos esos fideos y sopas semipreparados comprados en los súper que son para mi gusto asquerosos y lo que logro generalmente es tener náuseas y debilitarme. Me exijo a aprender a cocinar platos nutritivos para la montaña en cuanto vuelva a Salta, creo que esto hace la diferencia entre poder y no poder, y más cuando la salida es de varios días. Día jueves, terminamos saliendo a las 6 de la mañana, caminamos hasta el fondo del anfiteatro y buscamos por cuál canaleta hacer el ascenso. Elegimos una, más o menos 300 metros de largo, con una inclinación de unos 45º, toda de nieve bastante compacta. Nos ponemos los grampones y allí Daniel se da cuenta que había perdido la radio en el trayecto, la cual era prestada, por lo que decide regresar a buscarla y nos dice que no lo esperemos. Quedamos Norma y yo, y empezamos a escalar la canaleta. 3 horas después, estábamos al final de la misma y ya trepados al balcón que domina el anfiteatro. Descansamos un rato largo y almorzamos para después empezar la larga subida por la falda de la Hoygaard, siempre teniendo el San Miguel de Palermo a la derecha. Avanzábamos a buen ritmo y presumíamos que podíamos hacer cumbre en unas 2 o 3 horas. Pero, la cosa empezó a complicarse. El largo faldeo de nieve compactada empezó a convertirse en una marcha penosa por que la nieve pasaba a ser de tipo talco, en la que nos hundíamos poco al principio hasta llegar a mitad de la pantorrilla luego de un rato, ideal para caminar solo con raquetas de nieve. Decidimos caminar hasta donde lleguemos a las 14:30 hs. y allí evaluar, si faltaba poca distancia seguir hasta la cumbre, y si era mucha regresar. A las 14:30 vemos que habíamos avanzado bastante poco y nos quedaba un largo trecho y un desnivel aproximado de 200 metros para la cumbre. Con mucha desazón decidimos el regreso porque teníamos un largo camino y lo peor era tener que desescalar la canaleta de 300 metros, la que nos hizo sufrir bastante porque la nieve se había ablandado por el sol del magnífico día que nos tocó. Bajamos alternando entre nieve y rocas del acarreo lo que lo hizo muy cansador. La prueba de que la decisión de regresar fue acertada estuvo en que llegamos al C3 a las 19 hs., ya cuando el sol desaparecía tras las montañas. Nos metimos las 7 personas dentro de una de las carpas de 2 y allí les contamos toda la experiencia del día para los que iban a subir al día siguiente. Luego comimos muy rico como antes con lo que cocinó Guillermo y a dormir. Al día siguiente me levanté temprano, desarme mi carpa y guardé todo en mi mochila, me despedí muy emocionado de estos verdaderos amigos que hice en ese lugar mágico, agradeciéndoles infinitamente por todo lo que me dieron sin conocerme. Creo que experimenté un estadio superior al lema de nuestro club que para mí ahora quedará “Lo mejor para el compañero y para el desconocido también”, porque realmente vi que me dieron lo mejor que tenían, sacaban la mejor comida y me preguntaban que quería comer, me prestaban el mejor equipo y me lo daban a elegir y hasta casi se peleaban para que llevara el de ellos, pero sobre todo me daban su amistad, enorme y abierta, que en solo 3 días me pareció que los conocía de toda la vida. Quedó la cumbre para otro momento pero me llevé uno de los momentos mas sublimes que viví en la montaña, el de haber hecho estos nuevos amigos que desinteresadamente me dieron todo lo que necesitaba para poder hacer el intento sin pedir nada a cambio. Ese viernes bajé solo, ya que los porteños se quedaban un par de días más, desde el anfiteatro directo a mi vehículo en el rancho de Liquín y de allí a Salta. Estaba totalmente agotado. Después me enteré por José que se encontraron en Cachi con el burrero, el “Sapito”, en total estado de ebriedad. Por eso para los que vayan al Cachi háganse a la idea de que tienen que portear todo. En este momento no hay nadie que haga transporte con burros o lo que sea, y este personaje si les toca en suerte cruzárselo, no lo contraten porque no es para nada confiable. Capaz que los lleva y después no los busca o al revés. Así que mejor ponerse todo a la espalda y no depender de nadie. Luego el lunes tuve el placer de encontrarme en Salta con mis nuevos amigos Guillermo, Norma, Majo y Fernando, ya todos bañados y prolijos, y poder despedirme y agradecerles nuevamente por tanta generosidad. Nunca olvidaré esta enseñanza que me dejaron y trataré de repetirla con aquellas personas que encuentre con necesidades en la montaña.

Alejandro Díaz Patrón

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