Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


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jueves, 22 de agosto de 2013

LAS COSAS, POR EL PRINCIPIO


Pensé que el principio había dependido de mí, cuando aquella tarde - en el canal Encuentro, como le conté a varios en esta salida - encontré el documental donde científicos del CONICET hacían cima en el Aconcagua. Salté entonces del sillón de la improvisada casa en la que habito, y empecé a buscar información, ya con la decisión tomada de que esta vez, sí podía. Recuerdo perfectamente que llegué más de media hora tarde al trabajo esa tarde, pero con un entusiasmo que hacía muchos años no vivía. Unas cuantas decenas de correos, y el único que me contesta es un tal “Pufi” Díaz Patrón. El principio estaba ahí. El “Pufi” me respondió, me dijo que no abandone los sueños, y me conectó con Graciela; desde entonces ella, mi querida Grace, la inefable “Colo” Isasmendi, no paró nunca, de ninguna manera, en ningún momento, de alentarme, de decirme que podía, que no piense en las dificultades, y me fue guiando en qué calzado comprar o cómo armar una mochila, mandarme el manual de Iniciación al Montañismo, o explicarme como armar un bastón con un palito de escoba. El viernes 16, cuando en su trabajo me recibió y nos dimos el fuerte y esperado abrazo, no me sorprendió nada de ella; su alegría, su pasión, su simpatía y calidez eran las mismas que durante más de dos años había recibido a través de sus correos. Pero si me sorprendió cuando el sábado al atardecer, con un frío que nos calaba los huesos mientras armábamos el campamento en Corral, fue capaz de bañarse alegremente en un río casi congelado que podría hacer entrar en hipotermia a un oso polar. Mi querida Colo debe tener algún trastorno obseso compulsivo con la higiene, o habrá consumido alguna infusión diferente a la que consumimos nosotros; de lo contrario…tendrá una valentía que excede los límites del entendimiento?? En fin, ese es otro tema. Se aceptan otras opciones para la encuesta, porque… quedamos todos preocupados por ella!
Antes, esa misma mañana a las 4:45, la Escuela Normal juntaba al grupo y emprendíamos el viaje hacia el demorado homenaje. Esa madrugada, saludando a tanta gente linda que me recibió con la calidez de quienes sienten que si alguien ama las montañas, sea de donde fuere y venga de donde venga, es su amigo, entendí que ese también era un principio tangible, vivible. Estaba ahí y ya no había vuelta atrás. Ansiedades, inquietudes, impaciencias, hasta la parada en Seclantás y el saludo en la casa de “Tavo”, maravilloso personaje de tierras y cerros adentro. Se sumó en el auto junto a Iván y Victoria, y nos fuimos hasta Brealito. Finalmente, ahí estaba el cerro, imponente y tentador como siempre, abriéndonos sus caminos, sus secretos, sus laberintos. Aunque digo finalmente, de final ese instante no tenía nada. Era, todo lo contrario, el verdadero principio. La mochila al hombro, un paso, dos, cientos, y una catarata de momentos, de sueños, de gente, pasándome por la cabeza, de recuerdos, de anhelos concretados.
Podría escribir horas, largamente, sobre lo conmovedor de nuestra tierra y nuestra gente, como Justina, Tavo, Chasca, Alina y los niños. Seguramente lo haría inútilmente también, porque es casi imposible describir en un texto las vivencias de esta gente, su humildad de cosas materiales pero fundamentalmente de alma, almas humildemente sabias, seres de una sencillez conmovedora para afrontar y simplificar lo difícil, su calor humano, su hospitalidad extrema, sus dones. Me siento hoy, mientras escribo esto, emocionado y privilegiado de haber compartido con ellos su casa, su alegría, sus historias, sus comidas; el calor de su fogón, y de sus corazones.
A la mañana siguiente, el domingo, por fin llegaba el momento del último tramo. Antes de iniciarlo, por un momento Fermín tuvo un momento de distracción, y se fijó en sus piernas. Pensó que no sería capaz de completarlo. Fue sólo un momento. Al minuto, pensó en lo que le sobra, alma y corazón, y terminó llegando al Abra antes que todos, mejor que todos. Si nos quedaban lágrimas, nos sacó hasta la última; lo abracé fuerte y largamente, y le agradecí con voz quebrada por los versos de Machado pero también - y sobre todo - le agradecí el ejemplo. Casi todos llegamos detrás de él; yo, muy cansado físicamente, pero con la fuerza de una emoción nunca vivida, sentí una indescriptible sensación al ver como se allana el terreno y el nevado se te brinda, rey de los valles, majestuoso y sagrado. Me clavó un rayo de luz en el centro del pecho, y me llenó de fuego el alma, para acelerar el paso y abrazarme al resto, y llegar, juntos todos, muchos con lágrimas en los ojos, al mástil.
De pronto, tenía una bandera en la mano, y con la custodia intimidante del nevado atrás, posé para la foto. Cuando la leí, me encontré con un mensaje escrito en italiano que decía algo así como “Flavio, gracias por hacernos sentir que estás siempre entre nosotros”. Era de su mamá. No pude más que llorar, y pedirle por favor a Carlo, que no tenía bandera, que no me permita atarla, que era un exagerado e inmerecido honor para mí hacerlo. Con la humildad de los grandes, se negó; cuando vio que yo no podía, simplemente me dijo “te acompaño, hagámoslo juntos”. Así fue. Una vez más, gracias.
Fui casi el último en emprender el regreso; me olvidaba, recostado contra una piedra, el palito de escoba con una empuñadura de frasquito de los viejos rollos de cámaras fotográficas que armé a último momento siguiendo las indicaciones de “la Colo”. Y entonces, mirando por última vez el mástil vestido de fiesta, entendí que el principio, el real principio, estaba ahí.
El principio está en los mensajes que lleva el viento.
Así empieza la cosa. Ahí, indefectiblemente, está el principio. Un día, unos cuantos amigos se llegan hasta un patio de juegos para enviar unos mensajes a otro, y éste, lejos de guardarlos en un cajón hecho de nubes, los recicla y los anda repartiendo por ahí. A algunos los hace volver, una y otra vez, año tras año, y a otros nos invita a debutar en esta particular, maravillosa y emocionante forma de comunicación, tan alejada de la tecnología, del mundo común, de los sonidos de la electrónica y los chips. Aquella tarde, en ese sillón de esa casa que habito, erróneamente pensé que había dependido de mí. Hoy - no lo dudo - entendí que me llegó un mensaje que me trajo el viento. Imperceptible, sin hacerse sentir para no molestar, casi como si fuera una travesura de niño, me refrescó el alma, y me indicó el camino. Y cuando por fin, cansado pero feliz, creí que al llegar al Abra había llegado al final, me hizo ver que era exactamente al revés. Que ahí, irónicamente, nada termina. Al contrario. Todo empieza.
Abrazo montañés amigos. A los que pude y podré abrazar. Y a los que, todos tenemos uno y hoy yo me permito tener uno más, siempre vuelven con el viento.

Fabián Spinassi.-

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