Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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viernes, 20 de septiembre de 2013

Relato TRAVESIA AL MALCANTE

TRAVESIA MALCANTE
Desde hace un año,  Mariela Del Valle Flores me propuso la idea de hacer el desafío malcante, y hace una semana con un minucioso estudio del lugar, decidimos emprender este gran desafío. Uniendo dos pasiones, el montañismo y el ciclismo, y así comienza la aventura con una compañera de fierro y una persona maravillosa, nuestra gran invitada de honor Griselda Moreno.  Gustavo Soto Nedir
He aquí agregándole/modificando  el escrito  programa de salida que resulto de la  salida y que el gus lo armó detalladamente  :P.
Viernes 13 de septiembre

Tempranito tipo 6:30 am nos encontrábamos en la terminal desarmando  bicicletas  y acomodando alforjas para subirlas en el cole (solo teníamos permiso para subir 3 bicis) rumbo a la recta de tin tin en la garita que da a la reserva del parque nacional los cardones.
Durante el viaje observamos, la cantidad de peregrinos tanto en bici como a pie, muy emocionante, ver a toda esa gente movilizada por la fe.
Llegamos a tonco pasadas las 11, nuevamente el trabajito de armado de bicis, luego de las 12 partimos para el primer rancho con agua. Después de 10 km de subida, encontramos una camioneta que nos llevo  a la base, a las 15:30hs llegamos a la base armamos campamento, comimos.  Luego de las 18hs comenzamos el ascenso al malcante, en las horas de la noche en el ultimo tramo con mucho frio y viento, Gustavo siguió su gps y encontró la cumbre, mientras con gri  esperabamos abajito congelándonos de frio, ya que estábamos con zapatillas comunachas, y yo encima con mis zapas rotas y con pantalón no largo jeeee. Pasadas las 22horas llegamos a la carpa , comimos y sale descanso.
Sábado 14 de septiembre

Salimos pasadas las 9 de la mañana a la escuela del cerro negro del tirao, llegamos justo a la hora del almuerzo, comimos algo ,y con la ilusión de encontrar alguna personita de esas que milagrosamente siempre encontramos en nuestras salidas con gus, esta vez no fue asi, y justo nos quedaba el tramo donde no podíamos pifiarle ni un cm. Mientras avanzábamos, horas eran las perdidas por decidir el mejor camino, entre mapas , celu, gps. Gustavo tenia razón, iba a ser el tramo más complicado a nivel de orientación. Pero por fin , bajando el rio  estaba el camino, asi que seguimos las huellas de las motos mientras íbamos caminando gustosamente entre piedras y y agua , y alrededor de nosotros la increíble y hermosa quebrada de las arcas. A las 17hs de la tarde decidimos acampar  al lado del río ya que no sabíamos que había arriba y que tan lejos estábamos del agua.
Domingo 15 de septiembre
8:30 am : subida a las arcas hasta el abra del manzano
11:00 am: llegada al cementerio del manzano
13:00 am: llegada a la escuela del manzano
17:00 am: llegada a la presa del corralito
18:00 pm: llegada escuela el corralito
20:00 pm:  llegada  a Quijano, buenas empanadas

Gustavo Soto Nedir y Mariela Del Valle Flores

Durante el transurso de esta hermosa travesía, Gri nos contaba que por el año 2004 la había realizado caminado con un grupo de amigos, las misma la habían hecho en 4 días. La verdad es un excelente y hermoso trekking que podriamos hacerlo en algún momento en el club :P . Aquí Gri nos compartió su viejo relato de aquella aventura. Mariela Del Valle Flores

DE VALLE A VALLE (por Griselda Moreno)


Pretendíamos algo diferente, encontrar donde nace el arco iris y el silencio, llenarnos de belleza solitaria el espíritu, hacer que el corazón se vuelva transparente...y eso hicimos. En una caminata otoño-invernal de  90 Km., las profundidades de un terreno todavía  ajeno al paso salvaje de nuestra raza, nos llevaron  de la aridez rojiza del Valle Calchaquí al húmedo verdor del Valle de Lerma, pasando por campos intermedios níveos, brumosos y colmado de árboles  teñidos de hielo.

Un día de Mayo. Oscilábamos soñolientos en el autobús que nos transportaba sobre la Recta de Tin Tin. Una recta que sorprende, pero cuando el sol calienta y los vapores del asfalto flotan te adormece y zambulle en los delirios de la imaginación. Pensaba en esta recta, la mayoría de las referencias históricas indican que habría sido uno de los caminos incaicos, obra de los nativos, quienes se valieron de fogatas a modo de jalones para realizarlo. El resultado, una línea perfecta de 18 Km. de extensión trazada a 3000 m.s.n.m. con la perfección que da la tecnología moderna. Asombroso.
De a ratos alguno abría un ojo, pero a los segundos regresaba a su letargo con una postal de la región: la imagen de coloridos cerros y una vasta planicie vestida de cardones. Y es que la Recta de Tin Tin, convertida en la ruta provincial 33, traspone el maravilloso Parque Nacional Los Cardones.

Mediodía del 22. Bajamos del autobús en la Garita de Tin Tin, casi al final de la recta homónima en el Valle Calchaquí. Emprendimos camino por una maluca senda ubicada a la derecha de la recta. No muy distante se veía el Cerro Malcante, sus 5050 m.s.n.m., lo convierten en centinela de estos valles de altura media y cumbre bautismo para los iniciantes en la Alta Montaña.
Después de muchos “por aquí, no, mejor por allá”, terminamos seis horas mas tarde en un pueblito llamado el Tonco, diminuta urbe con un par de  humildes familias. Allí nos recibieron con  enormes sonrisas y perros y niños festejando a nuestro alrededor.
De a poco la claridad se fue apagando y la algarabía se fue callando. Desde las tímidas estrellas se despeñaban luces raras que acariciaban piedras y cardones  y el aroma del pan casero, haciéndose en el horno de adobe de la familia Vidal, estremecía las barrigas. 
Con el permiso debido, armamos campamento en una de las salas de la escuelita. Pensé que era algo muy grande para tan poca gente, pero esta tierra esta llena de contrastes. Mientras preparábamos algo caliente, Facundo pensó en alto ¡“que bueno sería un par de bollos calentitos ahora”!  Y como si hubiera frotado la lámpara de aladino, una carita redonda y tímida de pocos años de edad se apareció en el cejo de la puerta entreabierta y en sus manos nos entregaba aún humeantes esos bollos anhelados.

Mañana y Tarde del 23. Bien temprano, las nubes bajas comenzaban su ascenso y el cielo se sacudía  la neblina. Saludamos y agradecimos al pueblo e iniciamos la marcha rumbo al paraje del Cerro Negro del Tirao. En el transcurso de las tres primeras horas solo ascendimos, la mayor parte por los filos de los cerros. Abajo se dibujaba un campo de cardones recortados en el cielo azul y nuestro horizonte, espesas nubes que reposaban sobre picos mayores. Nuestro paso era lento y en algún punto reflexivo, nos dimos tiempo para discutir aspectos geográficos e interpretar el área. Algunas voces especialistas han hablado que la conformación de esta región, es comparable con el monumento natural Saguaro y el Parque Nacional Organ Pipe Cactus, en Estados Unidos. Ninguno de los seis hubiera podido decir algo al respecto. Sin embargo, Karina, la ideóloga de esta travesía, expresaba mediante algunos referentes cercanos que la comparación era bastante acertada. El primer paso, devino a los 3600m dando lugar a muchas formaciones de arenisca que se encuentran en las serranías  del Cerro Malcante. A partir de allí comenzaba un faldeo con un descenso aproximado de unos 150m para luego iniciar un pesado y largo repecho hacia el Abra Colorada ya por sobre los 4000m. De vez en vez, a alguien le aullaba el estómago y proponía “che, ¿y si picamos algo?” y encontrando algún punto donde el paisaje conmoviera, todos largábamos el equipo fuera del cuerpo y comenzaban a desfilar de mano en mano  crakers, salamines, queso fresco, algún pateé, galletas dulces y las infaltables aceitunas.
El cruce del segundo paso implica atravesar una línea imaginaria que  empalma al Valle de Lerma y marca el límite donde el Parque Nacional Los Cardones  finaliza. Atrás quedan los secretos del Valle Calchaquí, susurrando que hace 65 millones de años el lugar era una antigua playa prehistórica donde dejaron sus huellas los últimos dinosaurios que vivieron en el mundo. 

Noche del 23.  Llevábamos muchas horas caminadas, extrañábamos ese humito con sabor a pan que se perdía en un atardecer bien Tonco. Teníamos cansadas las piernas, la espalda y frías las orejas y manos. La escuelita del Cerro Negro del Tirao apareció entre la bruma de la incipiente noche, apenas una lucecita se percibía en la espesura helada. Llegamos hambrientos y maltrechos. Una puerta se abrió y de ella surgió un hombre bajo de rostro simpático “¡que linda sorpresa, pero pasen, pasen que afuera el frío acuchilla”. El lugar era la cocina, quien había hablado el cocinero y adentro estaban un maestro y  un enfermero.  Al poco rato teníamos entre las manos una taza humeante de te, mientras el cocinero preparaba “un guiso que se chuparán los dedos”- había dicho. Las paredes estaban negras por el hollín, los alimentos se cocinaban  al fuego de los leños. Las ventanas eran diminutas para concentrar el calor pero en contrapartida la humareda envolvía todo el recinto. Dos y hasta tres platos se repitieron de ese inigualable guiso de fideos  en tanto que el maestro nos contaba que esto era una escuela-albergue para los niños de la zona y agregaba“ vienen 35 niños de lunes a viernes y regresan con sus familias los fines de semana, algunos caminan mas de tres horas hasta aquí”.
Pocos minutos después de la medianoche, el frío se metía en los huesos, la temperatura había descendido algunos grados bajo cero y según las previsiones del enfermero posiblemente mañana amaneceríamos nevados. 

Mañana del 24. “Casi muero al principio, pero luego comencé a hervir”dijo Héctor aún arrollado en la cama. Y es que este camarada, con la terquedad de tomar un baño a toda costa se metió en las duchas que carecían de agua caliente y a las 12 de la noche lo que salía de ellas era ¡hielo liquido!.  Personalmente dejé mi cuerpo sucio y al amparo de las expertas manos de Karina, quien me revolvió todos los músculos y huesos con potentes masajes.
Afuera estaban las previsiones del enfermero. Aquel paisaje rojizo, ocre y negruzco de día anterior ahora era blanco.
Durante el desayuno, el enfermero expresó que debía bajar a la ciudad y media hora después, cargamos todo y abandonamos la escuela por una fina senda que descendía casi en picada a una quebrada. De a poco nos fuimos metiendo en el alma de los cerros, entrando y saliendo de la bruma matinal que mas allá de fastidiar se había convertido en una amiga. El camino era muy sinuoso, como si un niño lo hubiera garabateado. Curioso eran las formas de enormes rocas como talladas en forma de “ele” para lograr la curvatura de la senda. “Tengo entendido- decía Héctor- que al no poder mover las pesadas rocas que obstaculizaban en aquel entonces la marcación del sendero, el camino se ajustó a ellas y se escupieron en las rocas las curvas”.
Una hora estuvimos descendiendo a una velocidad notable. El enfermero harto de andar y desandar el trayecto  iba tirando chispas con su bolso mal enroscado en la espalda y calzando un par de ¡alpargatas de yute!. Luego vino el ascenso, pero  impregnado de misterio, la densa  neblina impedía ver la intimidad del lugar. Llegó luego la Quebrada de las Arcas y con ella se abrió un escenario que nos dejó  la barbilla en el piso: un campo de fantasía inmaculado, helado y pintado con árboles de hielo. Solo la delgada línea por donde nuestros pasos avanzaban quebraba la blancura del paisaje. Estuvimos  horas andando por ese espacio níveo, como sacado de un cuento de hadas.
El tercer puesto de nuestra travesía, apareció en un vergel, el pueblo El Manzano custodiado por un Cerro homónimo de media montaña. “No me voy a olvidar más de esta montaña”- dijo Karina en cuanto señaló la cima- Y es que años atrás, esta amiga junto a otros amigos perdieron rumbo y quedaron atrapados en el cerro varios días, por suerte pudieron  contar la historia.

Tarde del 24. Lo blanco y frío y seco  había dado paso al verde y cálido frescor del valle bajo. Unos 500m antes de arribar al pueblo, pasamos por el cementerio, un rectángulo de pocas cruces prolijamente ubicadas, empotradas en un lugar maravilloso donde las almas parecieran alcanzar genuina paz. La gente del Manzano estaba de siesta, a las 15:00hs ni el trinar de los pájaros se escuchaba. El enfermero se había esfumado, en su apuro por llegar a la ciudad se puso en el personaje del correcaminos dejando grabado en sus estelas ”¡que  el coyote me  va a comer!”.  Y todos mirándonos la cara presentimos que las alpargatas tendrían algo
La humedad de este hermoso valle, provoca lluvias espontáneas, caen intempestivas sin previo aviso. Y esta historia, que venía con todos los estados climáticos posibles, tenía una pagina para la lluvia. El tema es que no fue un chubasco, fue un extendida y fría lluvia de otoño. Cayó agua durante los doce Km. que siguieron antes de arribar al paraje del Puyil. Envueltos en mantas impermeables avistamos la primera casita muy avanzada la tarde, allí nos indicaron que en la Escuelita del Cruce encontraríamos lugar para pasar la noche. Teníamos barro hasta en el cuello. Poco después Karina se frotaba los brazos junto al hornillo donde preparaba una sopa de zapallo, mientras los demás armábamos la tienda dentro de la Escuela. Ya atrincherados en los sacos de dormir y la panza llena y caliente Héctor murmuró para si “que loco esto, parece que hacemos el treeking de las escuelitas vacias.” y se sonrió.

25 de Mayo y final. “Oid mortales el grito sagrado, libertad, libertad, libertad”, dice el Himno Nacional Argentino. 195 años antes, en una mañana parecida a esta, en el cabildo un Virrey era depuesto y nuestra Patria emprendía su camino hacia la independencia . Y nosotros también debíamos abandonar el Puyil para terminar esta empresa en la ciudad de Campo Quijano, conocida poéticamente como el “Portal de los Andes”. Faltaban muchos Km. por cubrir, pero teníamos un gran aliciente: comer las mejores empanadas que alguien haya probado jamás.
Durante todo este tramo la senda se transformó en camino de ripio. Luego de caminar los primeros siete Km. llegamos al puente de Corralito, mediante el cual se ingresa a una importante usina del mismo nombre,  emplazada hace años sobre yacimientos arqueológicos de los que aún quedan vestigios cubiertos por la maleza.
Sol del bueno, cielo claro y temperatura adecuada: un día perfecto como coda a esta historia. Algunos miraban el reloj, se aproximaba el mediodía y el riesgo de quedarse sin las empanadas les revolvía el estomago. Llegamos a Quijano pasadas las 14:00hs. Cuando al fin estuvimos sentados en una  mesa, con la boca agua por engullir tanta ilusión, sobrevino una tremenda noticia: “lo siento chicos, no nos ha quedado nada, los 25 de mayo se vende todo antes de la una ”-anunció la dueña del lugar-, ¿Queeeee?,-dijimos al unísono- y luego anunció lo peor “ y no hay en todo el pueblo, se vendió todo”. Héctor y Mariela estaban desfigurados, arrasados por la peor noticia que podrían haber recibido. Creo que tanta desazón conmovió a una empleada que se había acercado a escuchar que pasaba. Sin pensar mucho dijo que haría lo posible por conseguir algunas, aunque sea aquellas guardadas para consumo personal. Al rato, la silueta de su cuerpo apareció recortada  por el sol de la tarde y en sus manos traía aquello que haría que esta travesía resultara una experiencia inolvidable y regresáramos a casa con todo eso que en un principio pretendíamos.

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