Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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domingo, 28 de junio de 2015

Nevado de Acay parte I: Aclimatando.

Y se armó el Acay nomas con el Jota, así que el martes salí para Salta. El flaco me esperaba en la terminal y ya íbamos a San Antonio, para empezar a aclimatar. Almorzamos bien, con una "rubia salteña" claro (hay que empezar a hidratar!), y después de una siesta planificar la salida; la charla está buena y si bien el plan inicial era dormir el jueves en Muñano y el víernes portear el campamento a la vega y dormir ahí, termina saliendo una excelente opción cuando José me cuenta del treking por las vías del tren hasta estación La Bomba y los túneles. De una le propongo repetirlo, y él, que tiene el si fácil. ..armamos todo esa tarde y al otro día tempranito salimos en el colectivo a Muñano, y a caminar en una mañana helada unos nueve kilómetros. El recorrido es hermoso, pasando túneles, a unos cuatromil metros, perfecto para aclimatar, y el paisaje maravilloso, con el cordón del Acay enfrente y por momentos aparece el gran Chañi. Luego de tres horas de caminata llegamos a estación La Bomba, recuperamos energía con un almuerzo tranqui, y decidimos caminar unos kilómetros más, pasar por el viaducto El Muñal, el segundo en altura después de La Polvorilla, pasar por unos túneles más, algunos de hasta quinientos metros de largo, y regresar a dormir a la estación. Pero poco después de la bomba, camino al viaducto, vimos un filo de un cerro muy atractivo, y José empezó "que cuánto medirá. ..que qué habrá detrás..."; ya dije, tiene el si fácil, así que ni bien le dije "dejate de joder y vamos! ", nos largamos a la quebrada. Calculamos unos cuatromil cuatrocientos. ..quinientos. ..y nos pusimos como límite las cuatro de la tarde. Bordeamos por la izquierda las vegas donde hay agua (mucha y buena), y empezamos un lento ascenso; al ponernos de frente al cerro los acarreos son bien de bajada; imposible encararlo por ahí, así que decidimos encarar por la izquierda, hasta un filito más bajo que pensábamos iba a ser "nuesta cumbre"; hasta ahí llegamos, estábamos en cuatro cuatrocientos, y para suerte nuestra el terreno se ponía ahí mucho más amistoso y nos ofrecía la cumbre que habíamos visto desde las vías y que pensábamos no íbamos a llegar. El horario nos daba así que empezamos a caminar más aliviados, y a disfrutar de un paseo increíble. Empiezan a aparecer los grandes cerros de la puna, y divisamos dos apachetas. A las cuatro en punto estábamos ahí, a casi cuatromil seiscientos, disfrutando de una vista privilegiada del Chañi, del cordón del Acay, del (creemos) San Miguel de La Poma, del Azufre, del Quewar, del Tuzgle. Nos dimos el abrazo cumbrero, si bien la otra apacheta impresionaba estar levemente más alta, y dejamos nuestro testimonio en la primera de ellas, que está pegada a una antena. Se lo dediqué a mi prima Eli y al recuerdo de mi tío Toto, que fue maquinista del tren a las nubes y recorrió esos lugares únicos en el mundo, y que hoy la vida me da el privilegio de conocer de otra manera. Tal lo calculado, la verdadera cumbre es la otra, unos veinte metros más alta, apenas por debajo de los cuatro mil seiscientos. Ahí tampoco encontramos testimonios de cumbre, así que tal vez sea la primera ascensión deportiva en ese lugar. El Jota, hasta que se demuestre lo contrario, lo denominó "Cerro El Muñal", y a otra cosa! Ja! Hay que conocerlo! Bellísimo y muy recomendable!! Bajamos divirtiéndonos por los acarreos, se baja muy rápido, y desandamos el camino de nuevo hacia las vías. Nos quedó un restito de energía para recorrer el viaducto, y volver a la estación para armar el campamento. Cenamos capeletinis y dormimos como unos duques, hasta las seis de la mañana del otro dia, en que disfrutamos del amanecer en la estación, también más que recomendable!. A desarmar el campamento y volver por las vías los kilómetros hasta Muñano. En el cole de vuelta la suerte de saludar a Luciana Yazlle y Flor Wayar, que pensaba ser de nuestra partida al Acay pero que finalmente se bajaba considerando que su aclimatación no era suficiente, así que seguían a Juguetería a escalar con la escuelita; lamentablemente no pudimos cruzarnos con Mariela y Belén, que también iban para ahí. Nos clavamos un almuerzo más que abundante en San Antonio, y calculamos: hicimos unos veinte kilómetros de caminata entre los dos días a cuatromil metros, más unos setecientos metros de desnivel ida y vuelta a la cumbre del cerro "El Muñal", inesperada pero excelente por su belleza y ademas muy motivadora, nuestro aire había cambiado, se notaba la diferencia, y sólo nos quedaba poner toda la cabeza en el Tata Acay, que nos esperaría con su ya conocido y clásico rigor.Y se armó el Acay nomas con el Jota, así que el martes salí para Salta. El flaco me esperaba en la terminal y ya íbamos a San Antonio, para empezar a aclimatar. Almorzamos bien, con una "rubia salteña" claro (hay que empezar a hidratar!), y después de una siesta planificar la salida; la charla está buena y si bien el plan inicial era dormir el jueves en Muñano y el víernes portear el campamento a la vega y dormir ahí, termina saliendo una excelente opción cuando José me cuenta del treking por las vías del tren hasta estación La Bomba y los túneles. De una le propongo repetirlo, y él, que tiene el si fácil. ..armamos todo esa tarde y al otro día tempranito salimos en el colectivo a Muñano, y a caminar en una mañana helada unos nueve kilómetros. El recorrido es hermoso, pasando túneles, a unos cuatromil metros, perfecto para aclimatar, y el paisaje maravilloso, con el cordón del Acay enfrente y por momentos aparece el gran Chañi. Luego de tres horas de caminata llegamos a estación La Bomba, recuperamos energía con un almuerzo tranqui, y decidimos caminar unos kilómetros más, pasar por el viaducto El Muñal, el segundo en altura después de La Polvorilla, pasar por unos túneles más, algunos de hasta quinientos metros de largo, y regresar a dormir a la estación. Pero poco después de la bomba, camino al viaducto, vimos un filo de un cerro muy atractivo, y José empezó "que cuánto medirá. ..que qué habrá detrás..."; ya dije, tiene el si fácil, así que ni bien le dije "dejate de joder y vamos! ", nos largamos a la quebrada. Calculamos unos cuatromil cuatrocientos. ..quinientos. ..y nos pusimos como límite las cuatro de la tarde. Bordeamos por la izquierda las vegas donde hay agua (mucha y buena), y empezamos un lento ascenso; al ponernos de frente al cerro los acarreos son bien de bajada; imposible encararlo por ahí, así que decidimos encarar por la izquierda, hasta un filito más bajo que pensábamos iba a ser "nuesta cumbre"; hasta ahí llegamos, estábamos en cuatro cuatrocientos, y para suerte nuestra el terreno se ponía ahí mucho más amistoso y nos ofrecía la cumbre que habíamos visto desde las vías y que pensábamos no íbamos a llegar. El horario nos daba así que empezamos a caminar más aliviados, y a disfrutar de un paseo increíble. Empiezan a aparecer los grandes cerros de la puna, y divisamos dos apachetas. A las cuatro en punto estábamos ahí, a casi cuatromil seiscientos, disfrutando de una vista privilegiada del Chañi, del cordón del Acay, del (creemos) San Miguel de La Poma, del Azufre, del Quewar, del Tuzgle. Nos dimos el abrazo cumbrero, si bien la otra apacheta impresionaba estar levemente más alta, y dejamos nuestro testimonio en la primera de ellas, que está pegada a una antena. Se lo dediqué a mi prima Eli y al recuerdo de mi tío Toto, que fue maquinista del tren a las nubes y recorrió esos lugares únicos en el mundo, y que hoy la vida me da el privilegio de conocer de otra manera. Tal lo calculado, la verdadera cumbre es la otra, unos veinte metros más alta, apenas por debajo de los cuatro mil seiscientos. Ahí tampoco encontramos testimonios de cumbre, así que tal vez sea la primera ascensión deportiva en ese lugar. El Jota, hasta que se demuestre lo contrario, lo denominó "Cerro El Muñal", y a otra cosa! Ja! Hay que conocerlo! Bellísimo y muy recomendable!! Bajamos divirtiéndonos por los acarreos, se baja muy rápido, y desandamos el camino de nuevo hacia las vías. Nos quedó un restito de energía para recorrer el viaducto, y volver a la estación para armar el campamento. Cenamos capeletinis y dormimos como unos duques, hasta las seis de la mañana del otro dia, en que disfrutamos del amanecer en la estación, también más que recomendable!. A desarmar el campamento y volver por las vías los kilómetros hasta Muñano. En el cole de vuelta la suerte de saludar a Luciana Yazlle y Flor Wayar, que pensaba ser de nuestra partida al Acay pero que finalmente se bajaba considerando que su aclimatación no era suficiente, así que seguían a Juguetería a escalar con la escuelita; lamentablemente no pudimos cruzarnos con Mariela y Belén, que también iban para ahí. Nos clavamos un almuerzo más que abundante en San Antonio, y calculamos: hicimos unos veinte kilómetros de caminata entre los dos días a cuatromil metros, más unos setecientos metros de desnivel ida y vuelta a la cumbre del cerro "El Muñal", inesperada pero excelente por su belleza y ademas muy motivadora, nuestro aire había cambiado, se notaba la diferencia, y sólo nos quedaba poner toda la cabeza en el Tata Acay, que nos esperaría con su ya conocido y clásico rigor.

Fabian Spinassi.-












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