Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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martes, 8 de marzo de 2016

Acay Chico-Marzo-2016

Cuando comencé a conocer la geografía de esta fantástica provincia, un nombre quedó grabado en mi mente: El Acay. Es en el curso del CAM, que comienza a gestarse en mí, el sueño de llegar a su cumbre. Averiguando, como todos los que nos iniciamos en esta actividad, las distintas alturas de las montañas, aparece El Acay , con casi 6.000 mts de altura. Pensé…no es para mí!. Sin embargo , al ACAY CHICO, con una altura de poco más de 5.000 mts, me lo propuse como un objetivo para un mediano plazo.



El viernes, en una mañana lluviosa en Salta, emprendimos desde E.Rios y Sarmiento, el trayecto que nos conduciría hasta el pie del cerro.
Compartimos el auto con Marquitos y Gerardo, dos de los tantos amigazos, que conocí en el Club. En el otro auto iban Pufi, Nela, Hector y César. Previa parada en C. Quijano, para comprar algunas cosas que faltaban de Kiosco, y unas ricas facturas, seguimos viaje a través de la majestuosidad de la Quebrada del Toro. Siempre al pasar por Alfarcito, surge el recuerdo vivo de la obra del Padre Chifri, y ponderamos en una charla muy amena, todo lo que hizo por esta zona y su gente.

En Santa Rosa, una breve parada técnica; al ratito, ya estábamos en el rancho de Don Cruz, que brillaba por su ausencia. Acomodamos los autos, y después de bajar las mochilas, nos dirigimos caminando y muy entusiasmados, a lo que sería nuestro primer campamento.
A paso firme, y entre varias anécdotas de otras jornadas, cruzamos por primera vez la Vega, la cual nos acompañaría durante todo el camino hasta el Acay. Uno, en estos parajes, no tiene más que admirar la naturaleza : unas flores, muy bonitas, como naciendo de las piedras, amarillas y rojas, tan parecidas entre ellas, que en mi imaginación parece que evolucionaran de un color al otro.

Al rato Pufi, allá adelante, avanza casi corriendo como el correcaminos ,sonriente, sabiendo que los coyotes que vamos atrás, no lo alcanzaremos...Después de casi dos horas de marcha, llegamos al corral donde armamos las carpas. A la noche, se agregan Dardo y Jorge, que venían de San Antonio de los Cobres, de arreglar la logística para el próximo ascenso al Quewar. En un pequeño refugio de paredes de piedras y techo de pajas con tirantes de cardón, nos sentamos en círculo, mientras Dardo prende un sol de noche de campamento. Hasta que se cocinaran los fideos, un par de sándwiches, que habían quedado del mediodía, circulaban, uno en sentido horario, y otro en sentido contrario al de reloj, haciendo cada uno, un bocado; en un acto solidario y de compañerismo muy agradable.
El sábado a la mañana y después de desarmar las carpas, nos encaminamos, hasta lo que sería nuestro segundo campamento. Al fondo, el Acay Chico, parece abrazarse al Navajas y La Blanca. Cruzamos la Vega, con su agua cristalina y fresca , que baja serpenteante, una, dos y… cien veces; la acompaña una verde turba con margaritas blancas y amarillas, más chicas que las habituales pero no menos lindas. La opinión de Dardo prevalece para elegir el lugar de acampe. Ahora tengo tan cerca al Acay Chico, que parece que estoy tocando su cumbre.


Se nos agregan Gaspar y Florencia. La tarde fría y de neblina nos invita a descansar en las carpas.
Después de una noche helada, en donde la escarcha lo cubre todo, comenzamos nuestro último esfuerzo. Salimos temprano, todavía con linternas, todos encolumnados detrás de Marcos, nuestro guía. A medida que avanzamos cada paso se siente más cansado que el anterior. El ascenso se torna complicado por las sueltas piedras desparramadas por todos lados. Gaspar y Florencia, se adelantan, van mostrando el camino menos dificultoso. Comencé a sentir los efectos de la altura. A Nela le pasa otro tanto y después de una reunión grupal, decidimos que esa sería nuestra cumbre. Estábamos a 5.000 mts . Las fotos, los abrazos emotivos y el Acay mirándome de arriba, como invitándome a un próximo intento.

Gaspar, Florencia, y Pufi que subió por otro lado, llegaron a la cumbre.
El descenso por el Sayar, una experiencia inédita, me cobra muchos porrazos. Los que quedaron en el campamento, solícitamente, ya habían desarmado las carpas y preparado todo para el regreso. Largo camino hacia los autos, con la alegría y el peso de las mochilas a cuestas y la generosidad de todos por alivianarla.

El Acay Chico siempre estará en ese mismo lugar, seguramente en el tiempo intentaré esos últimos metros. Pero esta travesía será para mi inigualable, por la amabilidad y cordialidad de todos los que me acompañaron.

Omar Rija


1 comentario :

Anónimo dijo...

Excelente Omar!! Gracias a todos por la compañía y la camaradería. Buenas cumbres. Pufi