Cumbre Cerro Gólgota – 14/05/2017 – Curso Iniciación al Montañismo – 26° edición.





Boletín Digital del CLUB AMIGOS DE LA MONTAÑA, Salta, República argentina.
1956-2016, 60 años de historias de montañas y desafíos bajo el mismo lema:


"Lo Mejor para el Compañero"

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martes, 3 de octubre de 2017

SALIDA SILLON DEL INCA

Fue el martes, después de haber estado perdida al rededor de dos meses, dentro de mi cabeza, cuando me dio curiosidad tanto movimiento en el grupo de whatsapp. A eso de las 23:30 ya lo había decidido: necesitaba una mochila grande y comprar el pasaje a Salta, el sábado salía el tan añorado Sillón del Inca...
Nos encontramos los 15 a las 6:30. Entre abrazos con quienes hacía mucho no nos veíamos y presentaciones con aquellos que serían nuevos compañeros de aventura, partimos en 4 autos hacia Ing. Maury.
Un día increible de sol, que ya anunciaba desde temprano que nos iba a acompañar toda la jornada.
Para muchos de nosotros era nuestra primera "mochileada". Levantamos la de nuestros compañeros y medimos el peso, para darnos cuenta que estabamos todos en la misma.
Mirar desde abajo el ya conocido camino zigzagueante hacia el Golgota, me asustaba un poco... Empezamos a caminar a eso de las 9 am. Con cada paso fui perdiendo el miedo a la mochila. La emoción de estar en la montaña otra vez, me daba fuerzas.
Mientras trepabamos esa muralla natural, que nos separaba del destino, empezamos a escuchar musica y bombas del festejo patronal que dejabamos atrás.
En el camino nos cruzamos con doña Gladys, que bajaba de Pascha con su yegua blanaca. Iba a la fiesta del pueblo y a reencontrarse con su familia.
También nos cruzaron un grupo de "subsesenta" (como decían ellos), que iban camino a la Virgencita del caminante.
A la 13:30 llegamos al abra para almorzar. Compartimos la mesa con los recien conocidos...y entre risas, casi cambiamos a dos nuestos por uno de ellos...como nos pidieron las chicas subsesenta.
Continuamos caminando. El sendero se volvió muy ameno. Entre subidas y bajadas, observados por el Pacuy, que no dejaba de tentarnos a que lo visitemos en la próxima salida. Nuestros guías, excelentes en su trabajo, pero mas en su calidad humana, ya estaban poniendo fecha...
Disfrutar los colores de los cerros, el cielo azul clarito, el aire fresco, la luna que empezaba a asomar y el sol que no nos habia abandonado en toda la marcha, es un privilegio que aprendí a valorar. "Esto es vivir la naturaleza" le dije a los chicos.
Desde lejos aparecían y desaparecían las pirquitas que marcaban el destino.
Finalmente a las 16:30 llegamos! Un caserio de piedras, barro y madera, que parecía salido de un cuento. Antes funcionaba allí una escuelita, pero por falta de agua, la habian mudado mas al norte.
La tranquilidad y belleza del lugar no dejaba de sorprendernos.
Empezamos a armar el campamento, buscar agua y juntar leña.
Poco a poco, la noche fue cayendo. Cenamos y prendimos la fogata. El viento quería avivarnos el fuego y nos corría de la ronda, donde contabamos historias y agradeciamos a la pacha por tan hermoso día.
A la mañana siguiente desayunamos y desarmamos el campamento. Luego fuimos a visitar el cementerio. Desde alli la vista al caserio era impactante, pero lo que mas nos sorprendia era enterarnos de cuanta gente habia vivido alli hacía mas de un siglo, y ahora descansaba bajo esas criptas de piedra.
A las 10:30 fuimos por fin a visitar el lugar que le da el nombre al páramo: el Sillón del Inca. La enigmatica construcción nos dejó muchas mas incógnitas...para seguir investigando y por supuesto...volver.
Iniciamos el retorno. Esta vez fue el viento el que nos acompañó, empujando y haciendonos clavar los bastones al suelo.
También fue el viento, quizas un poco el sol, el agua de rio...la luna...o quien sabe qué, lo que revolvió un poco mi cabeza, y me ayudó a reencontrar algunas cosas perdidas.
De regreso el camino se hizo rápido. Las empanadas que nos esperaban abajo, eran nuestra motivacion.
Nos apenó que doña Gladys, a quien encontramos de regreso, se le habia escapado su yegua y tenia que volver solita y a pie hasta su casa.
A las 16 hs, los 15 llegamos a la ruta, cansados, doloridos, cubiertos de tierra, insolados y con sed... pero con esa alegría que solo el montañista conoce, que no puede explicar pero que siempre está dispuesto a compartir 😊

Natalia Miguez Ruiz.-

Dejo algunas fotos:








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